La selección surcoreana de fútbol, y con ella todo el país, tuvo una resaca agridulce, consciente de que ha hecho historia en el Mundial, pero sin saber cuál va a ser su futuro.
Un gol del alemán Michael Ballack, en el minuto 75, despertó de golpe a los siete millones de coreanos que se lanzaron a las calles para jalear a su equipo, convencidos de que aún podrían prolongar el milagro y disputar la final del Campeonato del Mundo. Dos días después, asimilado el desencanto y mientras se trata de rescatar parte de la euforia vivida con el partido por el tercer puesto, el fútbol coreano se pregunta si es el final de una etapa o el comienzo de una era.
El mayor temor es, en estos momentos, qué decisión adoptará el seleccionador, Guus Hiddink, el principal artífice del milagro, que no ha aclarado cuál será su futuro.
El técnico holandés es adorado con tal reverencia en Corea que se ha empezado a hablar de “síndrome Hiddink” para explicar el halo de divinidad que ha adquirido el personaje más popular del país.
“Hijo predilecto” de Seúl, a Hiddink se le ha propuesto que se nacionalice coreano, se le han ofrecido viajes en avión gratis, cerveza de por vida y estatuas por todo el país.
Sus dotes de líder son estudiadas en los cursos de gestión de empresas y su imagen se ha convertido en el icono del éxito en una nación que considera que ha recuperado el prestigio perdido durante la crisis económica de finales de los años 90.
Si el entrenador holandés decidiese presentarse a las elecciones presidenciales, sería elegido sin problemas por unos aficionados que, en cada estadio, colgaron una pancarta con el lema: “Hiddink for president”.
Sin embargo no ha tenido ningún reparo en señalar a Oliver Kahn como al “verdadero líder” de la selección alemana, en respuesta a las declaraciones del ex capitán Franz Beckenbauer que lo cuestionaba tras el empate de la primera fase con Irlanda (1-1).
Pero Ballack, que acaba de ser traspasado del Bayer Leverkusen al Bayern Múnich, ha mostrado su desacuerdo con el “kaiser” al afirmar que Kahn es el “verdadero líder” del equipo.
Kahn, que ha hecho gala en este Mundial de su espectacular forma de gestionar la portería, es reacio a admitir liderazgos y defiende más el concepto de equipo. “Aquí no hay estrellas”, sostiene.
Corea despertó de su sueño
Más de siete millones de personas se enfundaron la camiseta roja por todo el país. Ellos apoyaron durante todo el mundial a su equipo. Los antecedentes mundialistas (con diez derrotas y cuatro empates), la goleada que le había infligido Francia, sólo un año antes (5-0), y los cinco reveses encajados en otros tantos encuentros de la Copa de Oro presagiaban el desastre.