La aparición de Cristiano Ronaldo, autor de dos goles y víctima de un penalti que le hizo retirarse lesionado, cambió ayer el rumbo de un Real Madrid sin patrón de juego, basado en las individualidades, que derrotó 3-0 al Olympique de Marsella en seis minutos de inspiración con Raúl González en el banquillo.
Las rotaciones ocultan en ocasiones duras decisiones. Ante el Olympique, las aparcó el técnico madridista para mostrar a Europa que en su proyecto Raúl González es suplente. En ese juego a impulsos que marca el inicio de temporada del Real Madrid, a la velocidad de Cristiano, el balón no fue de dominio local y el Olympique asomó más por el área de Iker Casillas en el primer acto.
El Real Madrid no concluía. Fue hasta la segunda parte, con el Real Madrid atascado, cuando en dos minutos todo quedó sentenciado. Pepe lanzó un pase que cruzó el campo hasta llegar a Cristiano, paciente en el mano a mano para superar por bajo a Mandanda (min.58).
En un arranque de rabia del portugués, desequilibró partiendo de la banda izquierda, adentrándose en el área donde Heinze, que también regresaba a la que fue su casa, no le cazó por milímetros, pero sí Diawara, en una acción dudosa porque tocó primero el balón. Se marchó antes de tiempo a la ducha, expulsado, y Kaká no perdonó la pena máxima.
La acción lesionó a Cristiano en el tobillo izquierdo, pero antes de irse volvió a marcar en la mejor jugada de la noche. Guti encontró el desmarque de Benzema, que en dos metros se asoció con Kaká en pared, para regalar el gol al portugués.