¿Con quién quieres pulsear, con Malthus o con Bertrand Russell? Con cualquiera de los dos te veo mal.
Que eres bueno en matemáticas, ¿qué te parecen los siguientes números o figures como gustan decir? 20 mil años antes de Cristo, apenas había un millón de homos (no muy sapiens) arrastrando mujeres por el pelo hacia las cuevas llenas de huesos de mamuth. Tuvieron que pasar 15 mil años para que en tiempos de Moisés la población mundial llegará a 20 millones. Cinco mil años después, (Cristo entrando en Jerusalén), éramos 250 millones. No es nada. El día que Felipe IV de España se casó con su sobrina la archiduquesa doña Mariana de Austria, el mundo había engordado a 540 millones de bebedores de leche y vino. A pesar del encarnizamiento que hemos tenido unos con otros, sin tregua en ninguna época; descontando el material perdido en guerras y asesinatos, en 1950 nos contabilizamos y éramos 2500 millones. Antes de llegar al siglo XXI, o sea, antes del 2000 ya sumábamos 6000 millones de carnívoros, comearrroces, bebeaguas (clorinadas y ardientes), fumacracks, vuelaconbombas, vivefut, y, como yo, muchos hablapendejadas...
Amigo mío, para el 2100 llegaremos, espera, llegarán (ninguno de los que hoy lean esto podrá negarlo ni comprobarlo) a los 12 mil millones. Pero, tranquilo, ya no será tu problema, ni el mío. Como dije, no lo veremos, pero, ¡por todos los demonios!, tus tataranietos sí, y ellos no tendrán manera de sortear la desesperante hambruna que aplastará al mundo. Y desde ya sabemos que con hambre cualquiera mata por pan.
La producción mundial de alimentos no dará basto. Con suerte, los fabricantes de armas no podrán fabricar tantas balas para matarse los unos a los otros. Apretujados tendrán que vivir, y cantando: Casa, comida y techo, el que tenga esas tres cosas que le de gracias a Dios. Y cómo nos afecta el humor el apretujamiento. Quizá por eso nos enviamos tantos chistes en la mañana. Cosa saludable. Yo prefiero reír en mi primera taza de café con las ñamerías que me envía Tito Piedra y otros reidores, a escuchar las espeluznantes noticias matutinas.
¡Hagan el amor, no hijos! Clamarán los anuncios mundiales. Pero los preñadores y las preñadas seguirán tan campantes, cumpliendo con aquel antiguo y peligroso consejo: Creced y multiplicaos.