El ingreso de Cris Carter en el exclusivo club de los mejores del fútbol americano en Canton, Ohio, será conmemorado con un busto de bronce de su cabeza y hombros, como ocurrió con los miembros del Salón de la Fama que lo precedieron.
Pero en el caso de Carter, las manos podrían ser la parte de su cuerpo más apropiada para exhibir.
A lo largo de más de 16 temporadas en la NFL, Carter ejemplificó precisamente la labor por la que le pagan a un wide receiver: atrapar el balón.
Tras superar algunos problemas muy publicitados en sus primeros años, Carter se convirtió en un jugador destacado en la década de 1990 con los Vikings. No era el más rápido, el más grande ni el más escurridizo del grupo, pero logró algunas de las atrapadas más improbables del juego, y con frecuencia lo hizo en los momentos más oportunos.