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Crítica literaria: remedio o placebo

Hay sentimentalismos recíprocos de complacencia entre autores en donde la valoración literaria pasa a un segundo o tercer plano.


Oh joven ateniense, por los agujeros de tu túnica se asoma la vanidad.

Especialmente en nuestros tiempos, la crítica literaria es considerada un insumo más en el proceso de divulgación de la obra literaria o en la promoción de un determinado autor. En efecto, para bien o para mal, por este camino suele transitar en mayor proporción la denominada crítica literaria en nuestro país y el mundo.

El principal problema radica en el hecho de que la crítica literaria concebida así no suele responder a las apremiantes necesidades culturales de los pueblos, sino más bien a los alienantes compromisos utilitaristas que impone la sociedad de consumo en que vivimos, inspirada en precarios valores, e impulsada por las estrategias del marketing. Así muchas veces, de una manera frívola y sutil, la crítica literaria sirve de catapulta a los llamados best seller, que como sabemos inundan los anaqueles de librerías y farmacias para ir a parar luego, como símbolo de status o de fiada intelectualidad, en las perfumadas axilas de encumbrados y rimbombantes personajes de nuestro mundo social.

 

En nuestro medio la crítica literaria produce otro efecto, por suerte menos perjudicial que el primero y que podríamos denominar en este caso crítica amistosa o de intercambio. Se practica basada en sentimentalismos recíprocos de complacencia entre autores en donde la valoración literaria propiamente dicha, pasa a un segundo o tercer plano de importancia. Por esta ruta se consigue alimentar egos y vedetizar autores los que luego mal acostumbrados reclaman con cada producción, incienso y mirra.

Sin embargo, existe otra vertiente o camino por la que puede desplazarse la crítica literaria, aunque es necesario reconocer que lo hace de manera menos frecuente. Se trata de aquella que se realiza con total libertad e independencia, sin compromisos ni complejos de culpa, con honestidad y buena fe. Por supuesto, este tipo de crítica literaria requiere el criterio imparcial y sincero de quien la practica. Sin el prejuicio de dejarse influir por el autor cuya obra se evalúa o por otros precondicionamientos más sutiles que suelen darse.

Este tipo de crítica literaria funciona como una eficaz bisagra entre la obra literaria y el potencial lector, ya que resulta creíble y confiable. Es directa y clara, sin las ambigüedades requeridas para quedar bien. Asume el riesgo de equivocarse y constituye una legítima opinión de la obra literaria por su valor intrínseco.

 

Así entendida, la crítica literaria es verdaderamente positiva y necesaria. Constituye una ambrosía que no sólo facilita el reencuentro del escritor con su propia obra, sino lo que es más importante, lo incita a reinventarse. Le enseña el camino sin conformismos ni sensible afectación por los convencionalismos que intentarán despellejar su ego.

Este esfuerzo desinteresado y honesto por captar la esencia de un buen libro, por el libro en sí, constituye la clave o la diferencia esencial entre estas vertientes o caminos que pueden adoptarse para hacer la diferencia entre remedio o placebo.


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384110
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América