La prensa oficial cubana dedicó ayer amplio espacio a criticar la sentencia a cadena perpetua dictada contra un cubano acusado de espionaje en EU y expresó su pesimismo sobre la suerte que correrán otros cuatro detenidos que aguardan el fallo judicial en Miami.
"Cruel e injusta condena", titula Granma, órgano oficial del Partido comunista de Cuba en una doble página central, donde comenta los pormenores de la audiencia judicial, realizada la víspera en Miami y en la cual se sancionó con cárcel de por vida al cubano Gerardo Hernández.
Hernández, junto a otros cuatro de sus compatriotas, fue detenido en 1998 y acusado de atentar contra la seguridad y conspirar para cometer asesinato y portar documentación falsa.
La fiscalía estimó que Hernández era el líder de una red de espionaje cubano en Miami a quien considera responsable del derribo de dos avionetas de la organización anticastrista "Hermanos al rescate", abatidas en 1996 por cazas cubanos que custodiaban el espacio aéreo de la isla.
Cuatro tripulantes de las aeronaves, tres de ellos con ciudadanía estadounidense, murieron en ese incidente. La condena a cadena perpetua contra Hernández fue "un infame veredicto del Tribunal de Miami", sostiene el diario Juventud Rebelde, que califica de "proceso incalificable" el juicio realizado contra los cubanos, a quienes se les considera como "héroes" en la isla.
La Habana admitió que los cinco acusados habían infiltrado a organizaciones anticastristas radicales del exilio para evitar actos terroristas contra su territorio, pero negó que esa operación pusiera en peligro la seguridad de EU.
VIDA DE SEPARACION
Adriana Pérez corrió a casa luego de que su esposo, hallado culpable, fue sentenciado. Temía no llegar a tiempo para recibir la llamada del hombre que vivió otra vida, tan secreta que era desconocida incluso para ella.
Su esposo, Gerardo, "tenía un estado de ánimo normal porque está seguro que su causa es justa. Dijo que se sentía seguro con su mamá allí, y que ha pensado mucho en mí", dijo Pérez.
Después de la llamada de su esposo, el teléfono casi no dejó de sonar. Eran amigos y familiares que le ofrecían apoyo moral. Los vecinos venían a ver si la ingeniera química, de 31 años, necesitaba algo.
"Estaba preparada para eso", dijo estoica al referirse a la sentencia. Pero será más difícil prepararse para la separación el resto de sus vidas, aunque están pendientes apelaciones a la sentencia.