A veces no tengo ganas de leer, ni de escribir, ni ver televisión, ni escuchar las noticias que trae Indira, ni contestar las dulces preguntas de Mili. Es decir, no tengo ganas de nada. Dicen que es una actitud peligrosamente cercana al Alzhaimer. No lo creo. Son momentos de real descanso cerebral. Una especie deOmmmmmmmm, que me sume en un sereno estado de pausa. Entonces, tirado en el sofá de la sala, me quedo mirando la pared donde cuelgan los cuadros de mis amigos pintores. Tengo más de cuarenta años de verlos y no me canso. Cada uno de ellos tiene una historia. Sus marcos, que con extrema cortesía guardan sus pinturas, no sirven de frontera para mí. Me voy metiendo en cada uno de ellos. Sigilosamente entro en el delgado trompetista de Mario Calvit y le pido: "Anda, loco, toca algo que ahora sí te puedo escuchar". Y, claro, me da un trompetazo que me saca del cuadro más que de prisa. Como estoy con los de Mario, me introduzco en el del caballo y Poncio Pilatos. Hablo con el caballo, por supuesto. Me dice que está cansado de posar con este paralelo, y me invita a dar una galopada fuera de los establos del palacio. Le contesto: "No estoy para esos trotes hoy" "Entonces, gato, espianta". Y salgo por una esquina del marco con un puñado de alfalfa que el Yahoo rechazó. Decido que lo que necesito es un paseo por la bahía en el blanco velero que para mí fletó el misterioso Isaac Benítez. Pero en vez de embarcarme, caí en la playa cerca de El Marañón y me enterré hasta las rodillas en la lama. Salgo chorreando y le pido al pescador de Julio Zachrisson una toalla. Me contesta que no es camarera, que lo más que puede hacer por mí es venderme uno de sus pescados. Me agarro de una de las ramas que sostiene al buho de Carlitos Arboleda para salir más rápido de la playa, pero siento un picotazo y hago una rápida maroma para no entrar allí. Cansado, voy a estibarme en la esquina donde, recostado en un farol posó Tito Piedra para Pimpito Dutary. "Suave, Kid, me dice el siempre repelente Tito, que la murga no ha llegado". Y como nos entendemos bien en revesina, le contesto: "Rapa tu silavón micon, jovie".
Cuando las ganas duermen
A veces no tengo ganas de leer, ni de escribir, ni ver televisión, ni escuchar las noticias que trae Indira, ni contestar las dulces preguntas ...