A sus 75 años de edad, el escultor panameño Miguel Porfirio Blandón García puede ufanarse de haber dejado sus huellas por todos los rincones del país.
Escultor de profesión, maestro por vocación y nacionalista por convicción, este artista nacido en la capital panameña el 29 de septiembre de 1933 y criado en el siempre noble y prodigioso barrio de El Chorrillo, ha erigido con sus manos virtuosas obras portentosas a base de barro, cemento y otros materiales, las cuales han servido como exposición artesanal, ventana de protesta y símbolo de un nacionalismo arraigado, sustentado en momentos cuando la reivindicación y la exaltación de lo nacional eran imprescindibles.
Es hijo de Porfirio Blandón, ebanista panameño, e Isabel García. Durante su niñez, Miguel Blandón ayudaba a su abuela Juana en la venta de frituras en El Chorrillo, lugar donde residía, y ese contacto con la realidad del pueblo incidió en despertar su sensibilidad y el deseo de expresarse, a través del arte, en torno a la realidad de su país y sus conciudadanos.
Como la mayoría de los personajes conspicuos de nuestra vida republicana, Miguel Blandón es “aguilucho”. Cursó estudios secundarios en el Instituto Nacional en donde se destacó como un lector incansable entre quienes asistían frecuentemente a la biblioteca del “Nido de Águilas”.
Fue su inclinación hacia los libros lo que le condujo a estudiar Bibliotecología y posteriormente trabajó por algunos años como bibliotecario, manteniendo su contacto con las letras y profundizando su entendimiento del hombre, la vida y sus circunstancias.
En el plano académico, siendo estudiante de la Universidad de Panamá, se interesó por estudiar Educación en la carrera de Geografía, Historia y Filosofía, en la que descolló por su interés por libros filosóficos e históricos.
Pero la vena artística de este panameño, que se percibía desde sus tiempos mozos, comenzó a aflorar, y es así como empiezan a tomar forma en su mente figuras relacionadas con el barro, las historias nacionalistas y el folclore panameño.
Cuenta que después de graduarse inicia su profesión en colegios como el Andrés Bello y el Artes y Oficios, ejerciendo como profesor de Artes Industriales, dada su inclinación hacia el arte en general.
En el plano personal, Miguel Blandón forma su hogar con Nuris Blandón Kaa, hija de Elías Blandón y Carmen Sofía Kaa, y fruto de dicha relación son sus hijas Nuris, Yhielka, Yesica y Yhasmina; y continúa su vida profesional y familiar en Puerto Armuelles, Chiriquí.
Sus huellas también quedaron plasmadas en la lejana provincia situada al oriente panameño, en donde esculpe el Monumento a la Madre en el Parque de la Biblioteca de Puerto Armuelles.
Fue profesor de Filosofía e Historia en la Escuela Secundaria de Puerto Armuelles (ESPA) y la Escuela Nocturna Oficial de Puerto Armuelles (ESNOPA), ganándose la voluntad tanto de estudiantes como de sus colegas hasta el punto de llegar a ser director del ESPA.
Su reputación se enaltece por su altruismo, su don de gente y su espíritu solidario, dado su simpatía y las numerosas esculturas que de manera desprendida cedió al acervo cultural y artístico del país.
Y, aunque su rostro no aparezca para que se le pueda identificar, cada vez que se vean esculturas como las del Monumento al Obrero panameño en la Plaza 5 de mayo; el Monumento a la Familia en el Parque Omar, al lado de la Biblioteca Nacional; el Mural al COIF del IPHE en Betania; el Mural 1903-2003 en la Policlínica de San Miguel Arcángel, en San Miguelito; y el Monumento a la Madre en Puerto Armuelles, Chiriquí, es justo y necesario recordar que allí están las manos y el talento de Miguel Porfirio Blandón García de por medio.
Y si queda alguna duda sobre la pasión que despiertan en él estas figuras hechas a manos y salidas del corazón, sólo hay que darse una vuelta por su residencia en Los Caobos, Juan Díaz, la cual es museo permanente y en donde aún está en espera de ser terminada su más reciente creación: “Educación y Yo”.
Sus allegados informan que don Miguel no desmaya en su entusiasmo nacionalista por la escultura, por lo que en su hogar reposan diversas esculturas que representan nuestra idiosincrasia, cultura y nacionalismo.
Actualmente, recibe atención en el Hospital Metropolitano Doctor Arnulfo Arias Madrid, pues padece de diabetes; sin embargo, mantiene el deseo de culminar su última escultura “La Educación y Yo” en la que aborda un tema de indiscutible actualidad y que, al igual que la mayoría de sus creaciones, toca las fibras más sensibles de la realidad panameña.