A nuestras manos llegan noticias sobre algunas medidas que los actores de la hípica venezolana estiman pertinentes poner en práctica, en un intento por restablecer el orden en los tres hipódromos del país (Santa Rita, Valencia y La Rinconada) y que son regentados por el Instituto Nacional de Hipódromos. La preocupación es más intensa en La Rinconada, su principal escenario hípico, cuyo semblante moribundo choca con la otrora prosperidad que era envidia de muchos.
Abundan noticias sobre el grave problema de seguridad que hay en el sector de los establos de La Rinconada, en donde se reportan repetidamente atracos y asesinatos. Esta misma semana, hubo que suspender una reunión por desperfectos en el partidor, y así se han sucedido un cúmulo de anomalías que mantienen en vilo a todos.
Lo anterior ha arrinconado a los hípicos a tal punto que paralizaron actividades hace seis días y expusieron una serie de preocupaciones que giran sobre los siguientes ejes: inseguridad, falta de pago de los premios, falta de mantenimiento, deterioro de la infraestructura y la demora en el proceso de liquidación. Es triste que hayan llegado a estos extremos en Venezuela, cuya hípica goza de gran prestigio en la región, además de que la calidad de su crianza es muy respetable.
Visto esto, nos detuvimos a pensar si habría la posibilidad de que en nuestro país lleguemos a una situación parecida. A simple vista, no pareciera, en razón de que las condiciones fácticas de la hípica panameña son muy distintas. Pero, justamente, y como diría Pedro Altamiranda, “en la ahuevazón está el peligro”.
Por ejemplo, si usted llega al sector que le permite el ingreso a la tribuna grande y a las áreas aledañas del Hipódromo Presidente Remón, se topará con una especie de muladar. Sí, el hipódromo panameño se ha convertido en una suerte de patio trasero de no sabemos quién, y los visitantes, en lugar de encontrarse con un ambiente agradable que los invite a entrar y quedarse, son recibidos con chatarras tiradas por doquier, en un espectáculo que dice mucho de lo poco que se considera a los hípicos.
Causa tristeza ver el relajamiento, que ya hemos denunciado, en cuanto al tema de los estacionamientos y la atención al cliente en general, para ahora sumarle la característica de que el coliseo hípico, que con tanta pasión gestionó el expresidente José Antonio Remón y que mucha gente ayudó a crearle un buen nombre, ahora tenga la apariencia externa de un garito.
Nuestro hipódromo -más bien sus líderes- han sido incapaces de sumarse y sacar provecho del crecimiento turístico del país, y se ha resignado a sobrevivir con la misma gente, pero en un peor ambiente. Cómo van a ir en conquista del sector turístico, si continúan con viejas prácticas como el culto a la personalidad e inexplicablemente cada vez construyen más cercas en torno al edificio, como para ratificar su decisión de vivir aislados y en el encierro.
Insistimos en decir que, por ahora, nuestro hipódromo parece estar lejos de la película de terror que se está viviendo en Venezuela, pero si no se corrige el rumbo, seguramente el día en que rifen el premio para entrar a ese club ignominioso, nos encontraremos con la sorpresa de que somos dueños de toda la libreta boletos.