Gaspar Octavio Hernández y Diana Morán son dos poetas emblemáticos de la nacionalidad. Ambos con una sólida formación cultural, los dos desvividos de amor patrio y fervorosos defensores de la identidad. Ser panameño para estos aedas era una cuestión que se comprobaba en sus actos diarios. El primero desde las páginas de los diarios; la segunda desde el aula de clases y en la participación ciudadana.
A los poetas les ha correspondido, independiente de la época, dar la cara, ser lengua y lenguaje de los reclamos ciudadanos. Muchos le han dado lo mejor de su creatividad a orientar esos sentimientos nacionalistas de reafirmación. Para muestra muchos botones (flor o camisa), por ahora quiero destacar dos poemas de los poetas nombrados: EGO SUM, del poeta y periodista y AUTORRETRATO de la maestra nombrada “la poetisa del nueve de enero” por su extenso y furioso poema SOBERANA PRESENCIA DE LA PATRIA, escrito y publicado el mismo día que fue concebido.
Ni tez de nácar, ni cabellos de oro veréis ornar de galas mi figura; ni la luz del zafir, celeste y pura, veréis que en mis pupilas atesoro. Con piel tostada de atezado moro; con ojos negros de fatal negrura, del Ancón a la falda verde oscura nací frente al Pacífico sonoro. Soy un hijo del Mar... Porque en mi alma hay -como sobre el mar- noches de calma, indefinibles cóleras sin nombre y un afán de luchar conmigo mismo, cuando en penas recónditas me abismo pienso que soy un mar trocado en hombre! Nos dice Octavio.
Por su lado la Diana atrincherada como respondiéndole al poeta nos dice:
Ni cabello de ángel ni concierto de claro plenilunio... mucho menos bodegón de vinos y naranjas muertas...sólo yerba flagelada, tortura del suelo, barro, barro rabioso, lodo en fuego, donde la llama pare el feliz y diferente amanecer que ya nos toca.
Sendas piezas de la mejor “artillería poética” de la que los panameños podemos ufanarnos. Una sola observación revelaré mientras que el poeta santanero, y es comprensible debido a la escuela literaria en la que militó, se mira para adentro y se imagina un MAR humanizado. La muchacha intransigente, oriunda de Cabuya y criada en El Chorrillo pide más, da más, porque sabe más y se multiplica en la maternidad anhelada, icónica en su poesía decide SER madre del porvenir, del Panamá de ahora. Quiere esta lectura provocar la lectura de ambos poetas.