¿Tres millones y medio de habitantes? Seguramente somos más. ¡Diablos! ¿De dónde salió tanta gente, mirón, mirón? Si nomás ayer éramos un milloncito. ¿Te acuerdas, Cándido? Justa ironía la del nombre de quien fue el millonésimo habitante de Panamá allá por el año 1958. Fue él quien redondeó la estrambótica cifra del millón. Le ofrecieron a Cándido casa, muebles, escuela, salud, etc. ¿Qué es una raya más para una tigre? De milagro no le tenían una reina de belleza para esposa. ¿Qué rezarcimiento puede exigir hoy Cándido? Contestan los políticos: “Rezar si miento” (copio esta genialidad del Clarín de Buenos Aires).
Lo peor de ser tantos es que nos hemos vuelto muy exigentes. “El pueblo exige” claman los políticos o los columnistas que se autonombran como únicos y verdaderos voceros del pueblo. ¿Qué exige el pueblo? Pues de todo. Las exigencias están asomadas en todos los balcones; subidas en todos los techos; dormitando en todos los jorones, bañándose en todas las playas. Dime tú, escoge tú un sitio donde no haya exigencias, reclamos, gente vociferando por sus derechos.
¿Y qué de las obligaciones?
Bien, gracias.
Pero no es de eso de lo que quiero escribir, sino de las multitudes del mundo. Del fracaso del control de natalidad que inunda el planeta de gente. No es que todos seamos malos, pero si somos tantos, más malos habremos. Y hay gente a la que es imposible convencer de no tener tantos hijos. Su repuesta favorita es: «Me gusta la familia grande, vengo de una de ellas y somos muy felices; además, puedo mantener muchos hijos.» Y si le advierten que no es porque pueda o no mantenerlos sino para bien de la humanidad, es capaz de contestar: «¿Y qué tengo yo que ver con la humanidad, acaso la humanidad hizo algo por mí?»
Bueno, cabeza de tuétano, déjame decirte que la raíz de todos los problemas de este mundo tiene su epicentro en la explosión demográfica. Nada más mira la contaminación global. ¿A qué se debe? A los millones de toneladas de CO2 que los billones de carros y de chimeneas lanzan a la atmósfera. ¿De dónde crees tú que sale la contaminación del cará, si no es de la pérdida de árboles, de la construcción desaforada y del basural que producimos?
Mis palabras son cohetes chinos –no tengo otras municiones–. Trata de entender.
Para cargas de profundidad, visita Rwanda o Zambia.