Cuando Barack Obama presencie el partido de hoy entre los Tampa Bay Rays y la selección cubana, no tendrá el placer de ver a la que supo ser la fuerza dominante de la pelota a nivel amateur sino una novena isleña venida a menos, que enfrenta su peor crisis en más de 50 años.
La pelota cubana siente el efecto de la partida de muchas de sus mejores figuras. Los estadios y los campos de juego están muy desmejorados y el equipo nacional no gana un torneo grande desde hace casi una década.
“Está en un mal momento”, expresó Ismael Sene, historiador del béisbol cubano.