Creo y la credulidad engendra milagros, que viejo es una errata de viaje. No se trata de cuánta edad hayas acumulado en la camisa, sino de cuánto has realizado a lo largo del camino que por hoy llamaremos vida. No en vano se habla de la veneración a los ancianos de la tribu. Ellos han viajado más, por lo tanto han visto más, y, por consiguiente, deberían saber más.
El caso viene a que en fechas recientes me he reencontrado con esa fuente de sabiduría que está en los dichos de la gente y obtuve estas perlas que les comparto.
No se debe meter el cuchillo en la sartén para cortar mientras se está cocinando, pues eso trae conflicto y precisamente por el tema de la comida. La fuente de semejante instrucción seguramente se remonta a los días del abuelo de mi abuelo, pero, fui testigo de lo que les comento y de cuerpo presente. La sobrina corta en la sartén, la tía hace la observación y minutos más tarde ambas cruzan palabras non sanctas. Pensé, cuentos de vieja, ¡JA!
Sí, hay muchas supercherías acerca de desbordar el café, el mal de ojo, pasar debajo de las escaleras o derramar la sal, dejar la cartera en el suelo, entre otras que son tan reconocidas por la población. Por supuesto que hay quien no cree, pero también el que no deja de creer. Uno nunca sabe.
En los días en que padecía mi infancia, abundaban las “creencias”. Entre los clásicos se destacan: no subir a los árboles, no bañarse en el río, no esto, no aquello. Aquellos miedos dosificados eran la manera de resguardar a los muchachos y por supuesto de conservar el respeto por la tradición cristiana, a propósito de los días santos…
Pero había más: colocar un cuchillo debajo de la cama para que los duendes no se llevaran a los niños; orientar las chancletas del diario, una mirando para dentro y la otra para fuera de la casa, para desorientar a las brujas. Para no olvidar los sueños era necesario colocar un vaso con agua debajo de la cama… Desahumar la casa con mezclas inciertas de inciensos o el trapeado con las “siete potencias” para las “malas vibras” o colocar en la puerta la cruz de palma…
Estas costumbres, muchas veces no entendidas u olvidadas, hablan de nuestra fe, nuestra esperanza.