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Cuidado con hacer el ridículo

Muchos dicen que la vida íntima es un mito y que la privacidad es casi inexistente. Pareciera que estuviéramos permanentemente vigilados u observados, ya sea ...


Muchos dicen que la vida íntima es un mito y que la privacidad es casi inexistente. Pareciera que estuviéramos permanentemente vigilados u observados, ya sea por cámaras oficiales, por aquellas instaladas en los comercios y también por quienes nos acechan para despojarnos de nuestras pertenencias.

En esa lista de vigilantes permanentes también están la familia, los vecinos y los superiores jerárquicos que suelen estar husmeando nuestro accionar, unas veces por el mero deseo de estar al tanto de lo que hacemos o por la necesidad de que cumplamos con nuestras obligaciones. Es decir, que vivimos con muchos ojos puestos sobre nosotros.

A todo lo anterior habría que sumar la incontenible evolución de las redes sociales, que vienen de la mano con las cámaras incorporadas a los celulares, las cuales parecen parte "indispensable" de nuestra existencia.

 

Y es sobre este punto donde queremos apuntar, porque contra la autoridad que vigila, el pillo que observa y el vecino fisgón ?muchas veces? no se puede, pero sobre lo que nosotros hacemos y divulgamos sí podemos ejercer control.

El tema de las redes sociales ha dejado de ser un relajo, un asunto de juego y diversión, para transcender a un estado que las convierte en poderosas armas de información, control, infamia, manipulación, tergiversación y maldad, por lo que el autocontrol es necesario. Y ese autocontrol no solo se circunscribe a decidir con mesura qué se debe publicar o no, también implica que actuemos en conciencia de que a nuestro alrededor abundan las cámaras y micrófonos y con ellos, gente que está a la caza de cualquier incidente ?bueno o malo? para registrarlo y convertirlo en un contenido viral.

Dirán algunos que esto implica despojarse de la autenticidad y dejar de ser uno mismo. Quizás tengan algo de razón, pero "eso es lo que hay". Si usted no quiere que su vida se ventile, cuide lo que publique sobre ella, sea comedido en sus actuaciones y actúe con inteligencia emocional.

 

Cuando maneje, no tome, y cuando chatee o use sus redes sociales, tampoco lo haga, porque el mal uso de los dedos de la mano puede conducirlo a cometer excesos y, en consecuencia, a hacer el ridículo.

Es cierto, lo están mirando por todas partes, pero si usted actúa con prudencia será menos susceptible de ser protagonista de una película barata y de que lo dejen como un actor de mala categoría.


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975650
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América