La escritura, la literatura y el periodismo tienen más por venir que nunca. Esta fue la idea con la cual iniciamos nuestra intervención en un conversatorio en el marco del Festival Eñe América, que se realizó recientemente en nuestro país.
Con esta suerte de luz amarilla, quisimos advertir a los voceros del apocalipsis y a los promotores del cataclismo que no hay de qué temer porque lo que sobra en estos tiempos son oportunidades.
Y no hay que ser erudito ni poseer ningún análisis especializado para llegar a esa conclusión. Las pruebas están a la vista. La humanidad está escribiendo más que nunca. En algunos sectores —especialmente los más jóvenes— la comunicación es fundamentalmente por escrito, independientemente de las falencias gramaticales y ortográficas que se puedan advertir.
Igual sucede en el ámbito laboral en donde las comunicaciones también tienen como conducto la comunicación escrita. Y qué decir de las redes sociales que parecen haber llegado para ser parte de nuestra vida con la misma posibilidad de subsistencia que los libros, a los que los agoreros de siempre también le predijeron un futuro gris cuando aparecieron la radio, la televisión y más recientemente, la internet.
Es más común que la gente se manifieste, proteste o exprese sus emociones frente al computador, en lugar de salir a la vía pública. Ahora todo el mundo escribe.
Si esto es así, la longevidad de la escritura —en todas sus formas— está garantizada y con ello la literatura y, por supuesto, el periodismo.
Donde se podrán advertir cambios es en los estilos y las maneras de comunicar, pero el proceso se mantendrá, sobrevivirá. La gente está volviendo a una práctica que se creía en decadencia: Escribir.
Además, de manera consciente o inconsciente, todos estamos contribuyendo a documentar nuestros tiempos.
Como nunca antes, la información de lo que sucede se va registrando (aunque sin orden) y cada vez será más fácil para las generaciones futuras informarse sobre cómo éramos sus antepasados, y así tendrán a mano la información suficiente y necesaria para superarnos y evitar caer en los mismos errores que nosotros.
Por eso insistimos en decir que la escritura nunca tuvo más futuro y de nosotros depende que lo dejemos para que sea útil. Aquí vale un consejo de oro: Cuide lo que redacte, porque aunque no lo crea, pudiera estar escribiendo el primer borrador de la historia.