David Beckham, el último gran fichaje del Real Madrid, firmó ayer el contrato que le une al equipo blanco durante cuatro temporadas, horas después de pasar un reconocimiento médico en el que los galenos del club madrileño pudieron comprobar que el futbolista inglés "está nuevo". En las oficinas del estadio Santiago Bernabéu, el capitán de la selección inglesa se reunió con el presidente madridista, Florentino Pérez, y ambos rubricaron el acuerdo.
El astro inglés, que previamente había saludado al director general deportivo del club, Jorge Valdano, y al nuevo entrenador, Carlos Queiroz, con el que coincidió en el Manchester United, firmó con una pluma que le había regalado su mujer, Victoria Adams, expresamente para la ocasión. Antes de la firma, "Becks" pidió pisar el césped del Bernabéu. "No puedo esperar", dijo. Ya en el terreno de juego, pidió un balón y dio unas pataditas con el crío.
El fichaje de Beckham, que llegó al Bernabéu acompañado de Victoria Adams, y de su hijo mayor, Brooklyn, de 4 años, cuesta 40 millones de dólares al Real Madrid, en el que supone la cuarta estrella que se incorpora al club durante la presidencia de Pérez después de Luis Figo, Zinedine Zidane y Ronaldo.
Horas antes, la nueva estrella madridista se sometió a un reconocimiento de dos horas en la clínica La Zarzuela y el jefe de los servicios médicos del club blanco, Alfonso del Corral, destacó que "Beckham es un jugador que está nuevo". "No ha tenido lesiones de tobillo ni de rodilla y no tiene problemas importantes que le impidan la práctica del fútbol a alto nivel", declaró Del Corral.
Acompañado de un fuerte dispositivo de seguridad, Beckham había arribado a la clínica en un automóvil con los cristales oscuros. Diez motoristas, entre fotógrafos de prensa y policía, escoltaron al jugador inglés hasta el centro hospitalario en medio de una expectación desconocida hasta la fecha en el fútbol español.