“Sólo en ti confío, redondo y blanco azar” Pedro Salinas
Entrevista a Yudy, cajera de un casino.
Los casinos son la otra esquina del hampa.
Yudi, bautizada Judith Ferrer, envejece tras la ventanilla. Me dice que cuando niña una echadora de barajas le dijo a su madre que tendría una hija que manejaría mucho dinero. Acertó, pero manejar, ay, es tan diferente a gastar.
—Tu trabajo parece aburrido.
—No, en verdad no es tan aburrido. Las monedas tienen música. Me encanta levantar con ellas torrecitas de Babel que aspiran a llegar a mis narices. Por favor, no publique esto: Cuando se acercan mis parroquianos, me apena mirar sus caras, son historias grises, de inapetencia y melancolía.
—¿Qué ve en ellos?
—A veces creo ver por dentro de sus espíritus, están encorvados por mochilas repletas de tréboles y cuáras.
—Cuál es la esperanza de los jugadores?
—¿Esperanza del jugador? La misma de una muñeca haitiana: un relleno de alfileres.
—No les ve futuro...
—No, qué futuro puede haber en esas tragamonedas. Por eso, señor, todos los días tomo cucharadas de abolición al juego. Quiero purgar el vicio. Pero debo confesarle: De vez en cuando, jalo el brazo del bandido.
Conversando con la señora Chichí, planchadora a domicilio
¿Por qué le gusta a la gente vestir tan estirada? Según la señora Chichí satisfacerlos es cuestión de más o menos almidón "Niágara" en el cuello, mangas y pecheras.
—Soy mujer de manos calientes, ¿quiere tocarlas?
—Por supuesto.
—Con ellas, sí señor, eduqué seis hijos.
—Con calor y más calor.
—Y con tabla y plancha, mis herramientas.
—¿Le gusta?
—He pasado la vida en esto. Me gusta. Tal como me ve orita, alisando, tarareando, humedeciendo la ropa. Y un radiecito encendido para oír los bochinches de la radio.
—¿Cómo sabe el calor ideal para planchar?
—Depende. Si el hombre es estirado, querrá el cuello estirado. Si la mujer es franca, querrá sus bordes suaves. Con un poquito de saliva en la yema de dos dedos sobo la plancha y ella repica sus campanillas.
—¿Para qué hacen eso?
—Para nada. Por el placer de escuchar la saliva evaporándose.
—¿Qué es lo peor de la plancha?
—La lluvia. si cae cuando termino. Ella puede quitarme de golpe el calor del cuerpo y dejarme almidonada... estirada para siempre.