Buena parte del informe del Cuerpo de Comisarios del Hipódromo Presidente Remón parece el libreto de una película de terror. Sí, eso da miedo.
Siendo algo conservador podemos decir, sin temor a equivocarnos, que al menos en el 70% de las carreras que se realizan semanalmente, media algún incidente que va desde cambios bruscos de línea pasan por quejas y reclamos hasta transitar por las malas salidas, las pérdidas de la fusta, los distanciamientos, las amonestaciones, las partidas defectuosas, las demoras en el partidor, los retiros de último momento, los caballos que se quedan en la gatera, órdenes o recomendaciones de que uno que otro caballo asista a prácticas de gatera o, en el peor de los casos, que no se les acepten inscripciones hasta que corrijan sus indocilidades, entre otros reportes.
Se preguntarán ustedes qué tiene esto de anormal. En condiciones regulares, el menú que acabamos de enlistar debiera ser parte de un catálogo de excepciones y no la regla, como sucede en nuestro medio.
Lo interesante es que se pone al descubierto un cúmulo de anomalías que tienen su génesis en todo el trayecto que hay previo al momento de llegar a la pista, a la carrera.
Me explico. Que un caballo se muestre hostigoso para ingresar al partidor refleja una serie de deficiencias en su doma, manejo y entrenamiento previo a que enfrente la llamada “barrera automática”. Que se muestre torpe en la salida y tenga piques defectuosos de manera repetida es la confirmación de que hubo un punto flaco en su preparación y si no es capaz de salir de la gatera es evidencia de un cierto apuro al momento de que se expidió el salvoconducto que avala su idoneidad para competir.
Aunque estos puntos son preocupantes, lo verdaderamente llamativo es lo que acontece en el desarrollo de las carreras. Hay caballos que cambian de línea como resultado de la impericia de los jinetes por no decir negligencia, lo cual da lugar a numerosas quejas y reclamos en casi todas las carreras.
Y en esto no hay mucho distingo entre jinetes profesionales y aprendices. Igual andan sobre estos caballos “manejándolos” como si fueran bólidos y haciendo maniobras temerarias que ponen en riesgo sus vidas y las de sus colegas, así como la inversión de los dueños de caballos y de los apostadores.
No basta con aceptar que “la investigación se elimine" o que el reclamo "pase a ser una queja" debido al orden de llegada. Y decimos que no basta con eso, porque una imprudencia o un acto de mala fe por parte de un jinete que conduzca un caballo con pocas posibilidades, pueden dar al traste con las opciones de un caballo que tenga más respaldo en las apuestas y ahí es donde está el problema.
No todos los fanáticos son observadores a fondo de las carreras, por lo que muchas veces no se percatan de esos “momentos críticos” como los llama “Quique” Santos y después son sorprendidos y se molestan cuando un caballo que una semana antes “no presentó carrera” de repente se transforma y gana pagando un dividendo sorpresivo. En muchos casos no se trata de nada doloso, sino de que la semana anterior fue "asegurado" y no pudo hacer su mejor presentación y, después, con una carrera más limpia, sale triunfante.
De ahí que los comisarios deben ser más rigurosos al momento de castigar a quienes tengan que ver con todas las irregularidades que ensombrecen el espectáculo hípico y hacen que la gente salga huyendo por el pánico que le producen estas escenas que se han vuelto cotidianas.