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De regreso a la Sierra

La visita fue tan corta y el disfrute tan fugaz, que espero regresar en corto tiempo a la Sierra de Salamanca para disfrutar de sus vientos, sus paisajes, su comida y desde luego, de sus vinos.


Después de un sabático descanso, vuelvo para compartir con ustedes mis experiencias e impresiones sobre el fascinante mundo del vino.

Cuando en la Feria Alimentaria de Valladolid de 2007 conocí de estos vinos, me prometí que en mi siguiente viaje, no dejaría pasar la oportunidad para visitarlos. Esta vez les comentaré mi visita a la Sierra de Salamanca y los vinos que ahí conocí.

La Sierra de Salamanca, también conocida como Sierra de Francia por la montaña en la que se encuentra el santuario construido a la Virgen de la Peña de Francia que según la leyenda, por intrigas palaciegas el Conde Orlando Roldan abandona con su familia la corte de Carlomagno y llegan hasta la sierra salmantina, donde les nace una niña y en agradecimiento a la Virgen, le construye el santuario al que los habitantes llaman de la Virgen de Francia por el origen de su constructor. Entre sus fiestas más populares resaltan la peregrinación al santuario de la Virgen que se celebra el 8 de septiembre y Día de las Aguedas (5 de febrero), en que las mujeres toman el mando de todas las actividades de la comarca, tanto las civiles como las administrativas, mientras que los oficios domésticos y la preparación de los alimentos recaen en los varones.

 

Esta sierra forma parte del macizo central y divide el antiguo reino de León de la región de Extremadura y por ella discurría la romana Vía de la Plata que desde la extremeña Emérita Augusta (Mérida) llegaba a la leonesa Asturica Augusta (Astorga). Sus paisajes son de gran belleza agreste y conservan vestigios de pasadas culturas que en su tierra y en sus hombres han dejado la impronta del trabajo esforzado y el reto a las vicisitudes.

Esta región es eminentemente agrícola y se dedica al cultivo de frutales (cerezas, duraznos, melocotón, olivares y la viticultura). Las variedades blancas que predominan en la región son Viura, Verdejo y Palomino y entre las tintas cultivan la variedad Rufete, emblemática de la región y que se hace acompañar de la Tempranillo, principal variedad castellana que participa en la composición de los más conocidos vinos españoles.

En esta ocasión y aprovechando mi estancia en España, le escribí a Angel Becedas de Bodegas Valdeáguila, mi interés por visitarlos. Y llegando a Salamanca, me atendió Miguel Udina joven enólogo que desde su cálida Cataluña se ha desplazado a la fría meseta castellana, en ese espíritu aventurero que hizo grande al Imperio Español y que continúa vivo entre sus hombres.

 

En el trayecto hacia la sierra no pude disfrutar de la belleza de su paisaje porque lamentablemente el día de mi visita estaba el cielo encapotado, con temperaturas alrededor del punto de congelación y nieblas que impedían disfrutar del entorno. Llegamos a Garcibuey, población situada a 700 metros de altura y con una población urbana de 250 habitantes, cuyas casas vistas desde el cerro del Gancho, me recordaron un nacimiento. Recorrimos las empinadas laderas donde crecen las vides que soportan estoicamente los fríos inviernos y los sofocantes veranos, y que sobreviven gracias a la corriente de sus ríos de montaña que templan en invierno y refrescan en verano.

Después del recorrido, entramos en calor dentro de las instalaciones de Bodegas Valdeáguila, nueva y ambiciosa empresa que se abre paso en el mercado del vino con productos de rápido consumo y excelente calidad. Se encuentra ubicada en una remodelada construcción de principios del siglo pasado, donde elaboran sus diferentes vinos.

Miguel me ofreció degustar los vinos de la línea Viña Salamanca, el blanco 2006, mezcla de Verdejo, Viura y Palomino con un agradable aroma a frutas y una frescura agradable. Su rosado 2006 también es un cupaje de Rufete y Tempranillo con su estupendo color rosado cereza y su aroma a fruta roja y redondez en boca y su tinto 2006 mezcla a partes iguales de Rufete y Tempranillo con un pase corto de cuatro meses en barricas de roble que le da una presencia en boca más corpulenta. Y para terminar la degustación, el Alagón 2005 Crianza, cupaje de Rufete con una parte de Tempranillo y con los aromas y sabores de un bien vino de crianza.

 

Como el frío apretaba y las horas avanzaban, llegamos hasta el restaurante La Terraza en Santibañez de la Sierra, donde almorzamos las típicas patatas revolconas, especie de puré de papas con trozos de chicharrón curado y frito en su propia grasa y como plato fuerte, el tradicional cabrito asado en salsa de ajos, típico de la sierra, y qué mejor complemento gastronómico que el Alagón Crianza. La visita fue tan corta y el disfrute tan fugaz, que espero repetir la visita a la Sierra de Francia para disfrutar de sus vientos, sus paisajes, su comida y desde luego, de sus vinos.


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408905
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América