Deportes

<br> “De volver a nacer, nacería sin mis dos piernas”


José del Carmen Filós es un humilde panameño que no ha encontrado obstáculos que no haya podido vencer, en sus ya 38 años de vida. Barreras inmensas llenas de sacrificio, dolor, llanto y soledad. Golpes al alma que convertirían a cualquier otro ser humano en un costal de lamentos, matando por completo el espíritu de superación de un individuo.

Pero no a este héroe de la vida. No y mil veces no. No a José, que ha vivido con grandes obstáculos bañados de mucho dolor desde el 17 de enero de 1973, día en que saboreó por primera vez, fuera del seno de su madre, la delicia del aire en sus pulmones. Aquellos primeros días de su vida en los que abundantes lágrimas se derramaron de los ojos de su madre porque tuvo que tomar la difícil decisión de que a su hijo, de ocho meses de nacido, le cortaran parte de sus dos piernitas, las cuales nunca vería correr y jugar por los alrededores de su humilde hogar.

 

Esta es la historia de un ganador que sigue escribiendo a puro corazón, momentos memorables en el deporte del aro y el balón. Capítulos bañados en oro de un ser humano que, a pesar de sus limitaciones, no ha dejado de luchar para conseguir sus metas. Sueños que se ha trazado a largo y corto plazo y que hoy nos demuestran el gran amor que tiene por él y por el prójimo.

Un joven panameño que está tan agradecido con Dios que no se cansa de gritar a los cuatro vientos: “de volver a nacer, nacería sin mis dos piernas”.

 

La bienvenida.
El cielo era amenazante cuando llegamos a la cita con José. Un amigo lo acompañaba en aquella esquina del sector Sur de Tocumen, mientras niños vestidos con los mismos colores corrían emocionados a su alrededor, solo segundos después de haber escuchado el sonido mágico y alegre de una campana.

José lucía un jeans y un suéter. Sus pasos eran sólidos, seguros de sí mismos a través de una vereda pequeña que ya hace tantas veces lo ha visto luchar. Un camino que nos llevaría hasta su cómodo y placentero hogar, sitio en el que esperaba relatar su historia, aquella que nunca antes ha sido contada al mundo.

 

“Bienvenidos, están en su casa”, dijo José, mientras nos pedía que nos acomodáramos en unos inmensos sillones.

Alrededor de José no podía faltar su madre, su principal aliado en cada una de sus batallas; además de algunos familiares y amigos, quienes serían fieles testigos de que las palabras que pronto estremecerían el hogar iban a salir de un corazón puro y sincero.

 

Aquellos años.
Un trueno irrumpió con potencia. Fue en ese instante en que José comenzó a contar su historia... palabras que brotaban de su corazón.

“Desde que nací padecía una deformidad congénita en ambas piernas o rodillas. Era una deformidad que en el ámbito médico se le dice uña de cangrejo. Tomaron la decisión de amputarme ambas piernas porque no tenía movilidad”, expresó con mucha serenidad José. “La amputación me la hicieron en el hospital Gorgas, cuando apenas tenía ocho meses de haber nacido. La difícil y dolorosa decisión la tomó mi madre”.

Fueron estas últimas palabras de José las que llevaron a que un breve silencio se apoderara del hogar. En segundos apareció una voz dulce, pero fuerte, que evidenciaba haberse levantado ante las grandes olas de las adversidades.

“Lloré mucho por mi hijo, porque era una decisión que no quería tomar. Nunca voy a olvidar que cuando mi hijo nació, nunca me dijeron sobre su deformidad. Mi hijo nació solo con tres dedos en cada uno de sus pies. Pedí mucho asesoramiento a médicos en Panamá y todos me recomendaron que amputarle ambas piernas era lo mejor”, comentó Edilma de Rodríguez, mientras observaba con mucho cariño al ser que salió de sus entrañas.

Su infancia.
Con la ayuda del Gobierno, José recuerda que pudo viajar con su madre a los Estados Unidos para que le hicieran sus primeras prótesis, a la edad de 4 años. Eran sus primeras piernas, aquellas que le regalaron la felicidad de caminar por primera vez.

“Me sentí feliz… aún recuerdo mis primeras prótesis, fue maravilloso. Esta que tengo en mi mano fueron las segundas que utilicé, cuando tenía siete años”, recordó alegremente, al sostener en su mano derecha aquella piernita de valor incalculable.

Como es costumbre en los niños, cuenta José que no faltaron las burlas por su limitación.

“Al principio, en la escuela me molestaban mucho, me decían ‘Pinocho’ y eso me traía problemas, porque tenía que pelear. Fueron años duros cuando estaba en la escuela José María Torrijos, en Concepción. Yo vivía por allá”, explicó. “Pero me adapté a la vida con mis dos piernas, manejaba bicicleta, corría por las calles, jugaba como cualquier otro niño normal”, agregó.

Momentos difíciles.
El cielo rugió como un monstruo mitológico hambriento. En ese instante, el recuerdo golpeó a José. A su mente volvieron aquellos años de tristeza y mucho dolor en Estados Unidos.

“Recuerdo que cuando tenía 14 años viajé a Estados Unidos para el cambio de prótesis. Viajé solo, sin mi madre. Momentos difíciles, en los que las enfermeras solo hablaban inglés, en la que tuve que aguantar mucho dolor sin que nadie me pudiera consolar”, precisó. “No fue nada fácil ver a mis compañeros de cuarto llorar, pedir ayuda. Me tocaba levantarme de mi cama para darles ánimos. Fueron días difíciles”, añadió.

La canasta del triunfo.
Las lágrimas tomaron forma de testimonio silencioso en varios ojos. Lo único que se oía era el rumor de las gruesas gotas de lluvia al chocar contra el techo. De repente, José encendió la llama de la alegría y la esperanza.

“He tenido grandes momentos en mi vida, principalmente en el baloncesto, el deporte en que soy selección de Panamá desde hace cuatro años. Soy el ‘Dennis Rodman’ del equipo, con una gran defensa y buen rebotador. Gracias a Dios, he sido campeón con Panamá a nivel nacional en varias ocasiones. Hasta medallas en atletismo he conquistado”, expresó.

Un sueño por cumplir.
La entrevista no podía llegar a un punto final sin antes conocer el sueño que José abraza con el corazón.

“Mi sustentación para graduarme de licenciado en Ortesis y Prótesis en la Universidad de las Américas la haré en enero. Luego de que cumpla con este objetivo, quiero tener mi propia clínica laboratorio móvil, para así viajar al interior del país y ayudar a estos humildes panameños que sufren de limitaciones. Sé que si alguien me diera una mano, ya estaría trabajando”, explicó José, mientras recibía un abrazo lleno de amor de su madre y su padrastro, Ángel Rodríguez.

“Solo espero que Dios me dé mucha salud para cumplir con este sueño que siempre tuve desde que era un niño, porque no quiero que las personas con limitaciones pasen por lo mismo que yo viví”, concluyó.


fecha edicion
old id
754702
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América