Esta es la cuarta y última entrega de una serie de artículos en los que hemos recogido, en forma de decálogo, una serie de recomendaciones basadas en la experiencia propia y de otros, en el campo de la enseñanza literaria, considerando la Literatura como una puerta hacia otras puertas, cuando a educar nos dedicamos, o bien cuando la orientación a potenciales lectores figura entre nuestras acciones diarias.
1.Haga sentir que la literatura no es solo divertimento, sino oportunidad: ante la pregunta “¿para qué sirve la poesía?” muchos guardarán perplejo silencio. Hay una resistencia justificada a adjudicarle valores prácticos a la literatura, pues su misma esencia procura desprenderse de lo prosaico para ir en busca de horizontes más altos. Sin embargo, en el aula la literatura puede ser útil herramienta para entender los procesos dinámicos de la sociedad. Un profesor de Historia que se valga de una novela histórica avanzará por caminos mucho más cómodos si logra establecer el justo medio entre historia y literatura, entre el “ocurrió” y el “pudo ocurrir”. Un docente de Derecho puede auxiliarse muy bien en clásicos como “Los hermanos Karamazov”, “Crimen y castigo”, “Los miserables”… Las historias de Marco Polo ayudarían al que enseñe Geografía; “La Celestina”, al que muestre la evolución de la lengua. Es cierto, hay quienes leen para distraerse, pero esa no tiene que ser la función primordial de la literatura, hay muchas facetas adicionales que aguardan la mano que las mande a levantarse.
2.No sea de los que se dejan encandilar por los best seller, haga sus propios descubrimientos: el proceso de construir un best seller no solo está en manos del autor; hay toda una estrategia de marketing global apoyando la idea de convertir determinado texto, o a cierto autor, en un acontecimiento literario. Busque nuevos títulos, nuevos autores, especialmente si son nacionales y contemporáneos. El contacto lector-escritor es una ventaja de primera magnitud; intente sacar ventaja de esa posibilidad, indague en su entorno, participe en ferias, revise los premios nacionales, hable con las editoriales, contacte a escritores y establezca un puente entre ellos y su auditorio.
3.Entienda la literatura como proceso, no como fin: evite esa engañosa certeza de que en asuntos de literatura usted ha llegado a su meta, confiésese siempre en busca de objetivos, pida a los demás que lo acompañen, más personas de las que usted cree lo seguirán si es honesto. Recuerde que el camino de la literatura está compuesto por finales que se reemplazan constantemente, tanto para quien escribe como para quien lee.
Si cree que más de la mitad de estas acciones no van con usted, manténgase lejos de los que desean enseñar literatura, pues podría constituirse en un obstáculo para el aprendizaje y aprovechamiento de la literatura.
No se le pide que cambie, no podemos hacerlo, usted puede seguir leyendo para su consumo; pero no procure influir en otros. Las universidades, la sociedad en general, están llenas de personas que temen a los libros como a la peste, producto de encuentros malhadados con quienes, alguna vez, debieron ser sus guías y se convirtieron en murallas inexpugnables para el conocimiento. De esos no necesitamos más.
Pero si está en concordancia con más de la mitad de lo que aquí se dice, busque a esas nuevas generaciones y extienda hacia ellos un puente. A usted lo espera el mundo, con el agradecimiento que siempre merecen los buenos maestros.
Que la palabra te acompañe