En la tarde del 9 de marzo de 1974 en el Estadio Municipal de Santiago se enfrentaban los equipos de Veraguas y Colón en la categoría juvenil. A través de Radio Urracá de los Halcones de Torrijos, mi hermano mayor, Dionisio Morales Jr., me brindó la oportunidad de transmitir ese partido. Recuerdo sus palabras antes de lo que fue mi primera experiencia en un medio radial: “Hazlo bien y siempre dile la verdad a los oyentes”.
Son 37 años de cubrir y ver los campeonatos nacionales de béisbol. Con el transcurrir del tiempo, hemos sido testigos de grandes momentos vividos por diferentes equipos. Son tantas las victorias y derrotas de los colectivos y actuaciones individuales que permanecen en nuestra memoria que si las retrotraemos no habría suficientes páginas para plasmarlas una por una.
Gracias a Dios que me ha permitido esa presencia en nuestros torneos que, en los últimos años, se ha transformado a tal punto que ya no es aficionado sino semi profesional por la inclusión de peloteros extranjeros .
Este año alimentábamos la esperanza que, desde el punto de vista competitivo, el recién finalizado Campeonato Nacional Mayor sería reñido y difícil para los equipos participantes. Así lo fue, a pesar de que en los últimos partidos los televidentes en sus hogares y los fanáticos en los estadios fueron testigos de varios encuentros, de los elencos ya clasificados o eliminados, donde el desempeño de sus peloteros no fue propio de beisbolistas de calidad.
Llegamos a la serie final y renace lo que siempre disfrutamos, el regionalismo que es la esencia de nuestros torneos. Abrigando este concepto, las fanaticadas de Los Santos y Bocas del Toro se debatían sin agresiones, insultos ni ofensas; en un convivio deportivo sano como los panameños sabemos hacerlo .
No obstante, tanto los televidentes (una imagen vale más que mil palabras) como los testigos presenciales en los coliseos vimos la actuación de los árbitros en la final. Ellos jamás debieron ser los protagonistas. Fueron los colegiados nacionales y extranjeros quienes aplicaron 20 apreciaciones arbitrales a favor del equipo de Los Santos, que ganó el campeonato en buena lid, pero los hechos bochornosos que protagonizaron los “hombres de azul” deslucieron, en cierta manera, su conquista del título.
Pienso que los árbitros deben tener siempre en cuenta la imparcialidad , integridad y pulcritud en su conducta, como la disciplina lo exige. Tratar de ocultar la realidad vivida con ellos en ese torneo es constituirse en cómplice de lo actuado.
Estamos convencidos de que estas fallas arbitrales que empañaron el último certamen Mayor, no deben repetirse porque se constituyen en una amenaza para el deporte que más congrega a los panameños. Ellos tienen la responsabilidad de mejorar y perfeccionarse, para mantener la integridad de una disciplina deportiva tan bella como lo es el béisbol. Sabemos que la experiencia vivida en los casi tres meses que duró el torneo nacional es amarga, por eso hay que hacer los correctivos necesarios por el bienestar del béisbol y por respeto a la fanaticada que asistió a los estadios a ver los partidos. Son los fanáticos quienes merecen ver un mejor trabajo de ustedes.
Con nuestro planteamiento no queremos ni es nuestra intención desacreditar el campeonato logrado con esfuerzo y gallardía por Los Santos, sino que tenemos un compromiso con la verdad. A esta diosa, con sus perfiles de virtudes, quemo incienso de mis elogios y le ofrezco sacrificio.