De cada mil aficionados que asisten a un partido, hay ochocientos, y cuidado que más, que desconocen las 17 reglas del International Board. No es solamente Panamá, el infractor o el ignorante. Este número se reproduce, en mayor o menor cantidad, en todo el planeta donde el balompié se juega.
Cuando no se conocen los reglamentos, se grita, se insulta y se genera violencia. Un tercio de jugadores profesionales, juegan y lo hacen muy bien, el deporte, por combustión espontánea y grandeza de esta disciplina, ya que no se han detenido a leer las reglas que lo rigen. De allí, que en nuestro país, y en Brasil, en Italia, en Madagascar, y en cualquier sitio de la madre tierra, se discuten con vehemencia cosas que no se deberían discutir.
Un partido de fútbol desde obedecer a estas reglas: terreno de juego (1); balón (2); número de jugadores (3); equipamiento de los jugadores (4); árbitro (5); árbitros asistentes (6); duración del partido (7); inicio y reanudación del juego (8); balón en juego o fuera de juego (9); gol marcado (10); fuera de juego (11); faltas e incorrecciones (12); tiros libres (13); tiro penal (14); saque de banda (15); saque de meta (16) y saque de esquina (17).
El árbitro y sus auxiliares tienen la obligación de memorizar en fracciones de segundo, y aplicar la regla que corresponda, tratando de imponer justicia. Mientras los cuatro quintos del estadio protestan sin tener derecho ni conocimiento.