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Derechos torcidos


Entre las muchas cualidades buenas que nos distinguen a los panameños está nuestra facilidad para comunicarnos, hacernos entender y negociar, sobre la mesa, nuestros derechos.

Ejemplos, hay cientos. Uno de los más emblemáticos lo constituyen los acuerdos que alcanzamos con la potencia política más grande del mundo y que dieron lugar a la recuperación del Canal y la zona aledaña. Fue un proceso difícil, que duró décadas, pero al final se alcanzó el propósito con un mínimo derramamiento de sangre y con consecuencias leves sobre la tranquilidad social.

Pero después de haber cumplido esa meta, acariciada largamente por varias generaciones de panameños, parece que hemos perdido la capacidad de dialogar y muchos han dado cabida a la desconfianza, la intolerancia y a la violencia injustificada.

 

Las buenas causas que muchos actores sociales enarbolan pierden la simpatía popular cuando sus protagonistas optan por emplear las herramientas equivocadas para destrabar los nudos que los oprimen.

Cada vez se hacen más impopulares, molestosos e irritantes los cierres de las vías y carreteras del país y el discurso violento y amenazante de quienes no terminan de comprender que sus derechos terminan donde comienzan los de terceros.

Curiosamente, el final de todas estas historias termina con los alzados sentados alrededor de una mesa. Entonces, ¿por qué no comenzar por allí antes de seguir haciéndole la vida imposible a la mayoría?

 

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656526
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América