El suceso me encorvó el espinazo y me erizó la piel: BolaOcho parió seis gatitas. Parodiando al poeta Fernández de la Sota, me sentí "gato engatusado". Alguien, entendido en estadísticas y censo, me aseguró que si no las opero, en dos años tendré aproximadamente cuatrocientos dieciocho gatos ronroneando por mi casa. ¿Ve por qué me erizo?
Si soy un convencido de que la madeja de los problemas del mundo tiene su punta inicial en la sobrepoblación humana, contimás creeré que la sobrepoblación gatuna sería el escalofriante inicio y el desastroso final de mi armonía con los gatos.
Logré colocar dos gatitas. Las cuatro restantes, más la madre, consumen 4 kilos de Cat Chow mensual (En el R/S está más barato). Cuatrocientas consumirían 320 kilos, con un costo de 1,066 dólares. Mi ruina total. Para evitarla, las gatas tendrán que pasar por el traumático proceso de la esterilización. No duermo bien desde que tomé tal decisión sin consultarlas. ¡Ay, Afrodita!, cuatro gatas no conocerán el amor por mi culpa. No, no es mi culpa, digamos que la culpa es del petróleo y de un antigato como Bush. Así relajo un poco mi conciencia.
Son semisalvajes. No será fácil atraparlas. Usé mi gastado ingenio para hacer una trampa con una cajeta. Funcionó bien, pero al tenerlas dentro, BolaOcho logró salir por un costado, el cartón era muy aguado para sus felinas fuerzas. Lo reforcé. El segundo intento también falló porque no conté con su velocidad vermífuga (Al Corrector: aquí esa palabra quiere decir "ver mi fuga").
Tuve que dejar pasar unos días. Ya no confía en mis cariñosos llamados. Ahora me mira fijo, sin su glamoroso parpadeo; he perdido también su coqueto sobijo en los tobillos. Sólo come cuando me alejo. No puedo esperar a recuperar su confianza, las gatitas crecen a ojos vistas y su padre, el sátiro Simeón, las mira bilioso y lascivo. Recordé una frase de Wilde: "Yo puedo resistir todo menos la tentación". Entonces se me ocurrió abrir una lata de tuna. Expando su aroma a los cuatro vientos, la derramo sobre un plástico en la nueva y poderosa trampa y ñarreo con voz de gato: ¡Níiiiñaaaas!