Muchas personas me preguntan cómo pueden publicar sus escritos. Leíste bien: no me preguntan cómo pueden formarse para escribir, sino cómo pueden publicar. Los más entusiastas insinúan que sólo necesitan ser descubiertos para convertirse en estrellas literarias.
Como a todo el mundo le enseñaron caligrafía en la primaria, muchos creen que no se requiere mayor cosa para ser escritor. Y no sólo eso, sino que quieren saltar de inmediato al lado glamoroso de la disciplina: las felicitaciones, las apariciones públicas y los aplausos.
Les pasa lo que dije en mi nota anterior: aman más al huevo de oro que a la gallina.
Pero otras personas se te acercan con timidez. Y comienzan a hablarte casi entre dientes sobre sus autores preferidos. Y se les ilumina el rostro cuando describen a un personaje novelesco. Y cuando les preguntas si han escrito algo, te dicen que algunas historias, nada importante, y se apresuran a cambiar de tema…
Siempre termino pensando que estos últimos tienen más posibilidades de convertirse en escritores que los otros. ¿Por qué? Porque escriben a su pesar, escriben no porque sea una opción, sino porque es su única opción. Quizás lo hacen a escondidas.
Y por eso me digo: he ahí alguien tan desesperado, que desnudará la literatura y sus secretos.