El gobierno inició ayer el despido de miles de maestros en huelga, pese a que muchos comenzaron a retornar al trabajo para no perder sus empleos.
Al mismo tiempo, el ministro de Educación, Tito Hoz de Vila, comenzó la contratación de reemplazantes de los despedidos, elegidos de entre postulantes que se inscribieron ante un llamado del gobierno.
La llegada de los sustitutos y de los que depusieron la huelga provocó choques con huelguistas a la entrada de muchas escuelas, lo que obligó a la intervención de piquetes policiales, con orden de arrestar a los revoltosos.
Los maestros, en paro desde hace 10 días, exigen aumentos salariales superiores al seis por ciento aprobado por el gobierno y la anulación de decretos que modifican sus condiciones de trabajo.
De acuerdo a la ley, un funcionario público debe ser despedido sin beneficios sociales si no asiste al trabajo durante seis días consecutivos, o diez discontinuos.
El máximo dirigente de los maestros, Javier Baldivieso, acusó al gobierno de buscar la división de los sindicatos con los despidos y la contratación de reemplazantes.
Hoz de Vila dijo que la decisión de despedir a los huelguistas es política y busca defender a los estudiantes e impedir que el magisterio realice huelgas cada año.
Uno de los decretos rechazados por los maestros, por considerarlo restrictivo de su labor, es la autorización a los padres de familia para fiscalizar el trabajo de los educadores.
Otra restricción es obligar a los maestros a permanecer en una misma escuela todo el año, sin posibilidad de cambio.
"El Gobierno emite informes mediante el Instituto Nacional de Estadísticas en los que dice que los niveles de inflación no son superiores al seis al por ciento, pero el pueblo en la calle y en los mercados puede ver que es un engaño", dijo.