Terminada la campaña política y tras la vuelta a la normalidad de las actividades comerciales y deportivas, es de esperarse que el deporte hípico refleje, en alguna medida, la nueva realidad que vivirá el país como consecuencia del cese de las actividades proselitistas que ciertamente influyeron en el ánimo y disposición de los apostadores.
El primer bimestre del año resultó estupendo, al producirse apuestas totales que superaron los 4 millones y medio de balboas.
Posteriormente hubo un movimiento bastante discreto de las apuestas, como consecuencia lógica de la distracción mental y económica que entraña cualquier campaña política.
Al decir del pueblo: "Muerto el perro, se acabó la rabia".
Es de esperarse que a partir de este mes hasta lo que resta del año, las apuestas mantengan un promedio de B/.550.000.00 semanales, incluyendo las carreras locales y las internacionales, lo que implicaría, al final de la temporada, un incremento sustancial con respecto a los 25 ó 26 millones de balboas que representaron el promedio de las apuestas anuales en nuestro medio entre 1994 y 1998.
Pero el hecho que se haya disipado momentáneamente la nube proselitista del panorama nacional, no significa que las apuestas se dispararán por generación espontánea. La administración del hipódromo, a cargo de la transnacional Equus Entertaiment, debe despertar del letargo y cumplir con sus promesas de trasmitir las carreras por un canal de televisión por cable que tenga mayor cobertura y presionar a AUTOTOTE para que no se sigan dando largas al trámite de adecuar el sistema de cómputos para las apuestas y así implementar reglamento aprobado hace tres meses por la Junta de Control de Juego y que establece que las jugadas combinadas como la tripleta (Pick`3), peregrina (Trifecta), cuatrifecta (Superperfecta) y el 5 y 6, se jueguen con acumulados y diferentes sistemas para la distribución de los pagos.
Otra buena noticia que se supone implica el resultado de la recien terminada jornada política, será la reincorporación del clásico Presidente de la República a la agenda de clásicos, para cumplir con el espíritu de este evento que no es más que rendir homenaje a la majestad del cargo, mas no a quien por circunstancias de tiempo y espacio ocupa el puesto, como erróneamente se interpretó en el pasado reciente.