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Destrucción y desolación en Colombia


Un cielo plomizo y una tenue lluvia cubrían ayer a la ciudad colombiana de Armenia (centro-oeste), devastada la víspera por un terremoto de 6 grados en la escala Richter,mientras cientos de personas deambulaban por las calles llevando a sus muertos o tratando de encontrar con vida a sus familiares o simplemente un refugio.
Niños clamando ayuda, mujeres preparando alimentos en las calles, ancianos llevando cadáveres en rústicas carretas y dolientes cruzando por entre casas a punto de derrumbarse: Armenia parecía una ciudad bombardeada, especialmente en el centro y los populosos suburbios del sur de la ciudad, a donde no había llegado ningún tipo de ayuda.
Los servicios públicos están totalmente colapsados: no hay agua, energía
ni teléfonos, y los hospitales, que no estaban preparados para la tragedia, no son suficientes para atender a los más de mil heridos.
También se notaba gran actividad en los cementerios de Armenia y las localidades cercanas, que resultaron dañados por el sismo, pues los dolientes empezaban a sepultar como podían a varios de las 500 víctimas fatales reconocidas oficialmente de manera preliminar.
Al mismo tiempo, funcionarios de la oficina de sanidad del departamento de Quindío, del que Armenia es capital, hacían apremiantes llamados a enterrar a los muertos y a rescatar los cuerpos de los escombros, ante el temor de que se desate una epidemia.
En el barrio Gaitán Alto, ubicado en el sur de la ciudad, decenas de lugareños esperaban ayuda en las calles para trasladar los cadáveres, que yacían amontonados en las puertas de las casas destruidas.
"Acá faltan ataúdes", dijo un funcionario de la municipalidad, que no descartó la posibilidad de enterrar en fosas comunes a las víctimas del terremoto y los cadáveres que salieron de las fosas de los cementerios, afectados por el movimiento telúrico.
Junto con la muerte y el dolor, el hambre hacía estragos por doquier.
"Perdí a mi marido, mi casa y mis enseres. Mis hijos no han comido desde ayer y pasaron la noche a la intemperie", relató Luz Mary Valencia, habitante de Gaitán Alto.
"Fue terrible, pensamos en el fin del mundo", añadió la mujer, señalando hacia la iglesia del barrio, cuya torre se fue al piso y cuyas paredes estaban a punto de caerse.
Las dos cárceles de Armenia también resultaron seriamente dañadas y los reos amenazaban con escaparse, ante el temor de que las estructuras les caigan encima. Radioemisoras dijeron que, de hecho, varios reclusos huyeron en la noche del lunes.
Asimismo, los policías de la región y muchos otros que llegaron como refuerzo de los departamentos cercanos concentraron sus actividades en la atención de las víctimas, la vigilancia en las calles para evitar saqueos y el control del tráfico vehicular, pero su acción era insuficiente.
Un puente elevado de 200 metros que comunica a Armenia con la cercana localidad de Calarcá, también semidestruida por el terremoto, fue inhabilitado por las autoridades, que temen que su estructura haya cedido ante la fuerza del sismo y las más de diez réplicas que se han registrado en los últimos dos días.
Las autoridades establecieron un "puente aéreo" entre el aeropuerto de "El Edén" de Armenia y los de Bogotá y las ciudades de Medellín (noroeste) y Cali (suroeste) para transportar a los heridos y llevar ayuda.
El presidente colombiano, Andrés Pastrana, que canceló la víspera una gira por Alemania, Suiza, el Vaticano y Venezuela, coordina personalmente las acciones de ayuda en la zona de la tragedia.
La esposa de Pastrana, Norha Puyana, encabeza en Bogotá una gigantesca operación para recaudar fondos, medicamentos, elementos quirúrgicos, alimentos, carpas de campaña, agua potable y utensilios domésticos para ayudar a los damnificados.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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