La decisión del Ejecutivo de sancionar la ley que declara el 9 de Enero como Día de la Soberanía Nacional es el mejor homenaje que se ha podido hacer a la memoria de los héroes y al pueblo panameño que, como un solo puño, se enfrascó con la máxima potencia del mundo en reclamo del derecho a ver izada la bandera nacional en todo el territorio que estuviera bajo el cielo panameño.
La nueva ley que fue impulsada principalmente por la sociedad civil, con el Movimiento Ciudadano para el Fortalecimiento de la Identidad Panameña a la cabeza, también dispone que el 9 de Enero no será incluido como día puente, tal como sucedió en los últimos años. En otras palabras, una vez la ley sea publicada mañana, lunes 30 de diciembre, en la Gaceta Oficial, esta fecha clásica de la nacionalidad panameña se conmemorará exactamente el día que le toque en el calendario.
El momento no pudo ser más oportuno, ya que la declaración de esta efeméride como Día de la Soberanía Nacional coincide con los diferentes actos de conmemoración del cincuentenario de la gesta que cobró la vida de más de una veintena de nacionales y cientos de heridos, quienes a fuerza de su sangre y coraje escribieron una página que marcó un antes y un después de la historia nacional, y la cambió para siempre.
Quizás se demoró mucho en tomar una decisión como esta. Ni siquiera en los tiempos de la dictadura militar que empuñaba el nacionalismo como estandarte, se llegó a concretar un reconocimiento de esta índole. La costumbre fue siempre realizar romerías en los campos santos donde los héroes duermen el sueño eterno y rememorar los acontecimientos, pero declarar su día como el de la soberanía nacional era muy profundo como para que empujaran la iniciativa. Pero nunca es tarde cuando la dicha llega.
Hoy, a pocos días de que se cumplan los 50 años de aquella tarde memorable del jueves 9 de Enero de 1964, nos regocijamos por la sanción de esta ley, hacemos un reconocimiento público a quienes la propusieron e insistieron para que fuera aprobada por la Asamblea de Diputados, porque ellos también son héroes.
Ahora queda celebrar este cincuentenario en unidad, tal como sucedió en 1964, porque a pesar de nuestras diferencias, el gran ejemplo de esos héroes fue que supieron empinarse sobre sus diferencias coyunturales para abrazar juntos la gran causa de la liberación nacional.