Cómo sería la vida sin calendarios? Larga y aburrida. El calendario es una invención humana para darnos la sensación de que tenemos el tiempo medido, de que podemos bañarnos dos veces en el río de Heráclito, de que hay una razón para que el sol salga desde el Pacífico y se oculte allí mismo (como ocurre en nuestro bendito Panamá). Y con el calendario, las conmemoraciones.
Ayer fue el Día del Trabajador; viéndolo bien, podríamos felicitarnos todos, porque, quien más, quien menos, todos somos trabajadores (hasta los desempleados: cuánto trabajo da estar sin trabajar…).
Quiero felicitar, particularmente, a cuatro escritores; no porque sean bonitos o feos, porque tengan dinero o no, porque me hayan favorecido o no, porque vendan muchos libros o no. Los felicito porque no caminan solos en esta vida, porque su trabajo en las letras les ha dado la oportunidad de convidar a otros, de abrir caminos buenos para que entren y pasen muchos. Es que la solidaridad, virtud escasa ya, quizás sea la única que logre borrarnos pecados cuando revise nuestros expedientes el bueno de San Pedro.
Rose Marie Tapia: de unos años para acá, cuando le pregunto a los muchachos de primer año de la USMA a los escritores que conocen en persona, 7 de cada 10 la mencionan. Ese posicionamiento no se logra sino con mucho trabajo y dedicación. Tampoco se obtiene con imposiciones. Soy testigo de que en su avanzar, suma con generosidad a muchos otros al sendero de las letras.
Ramón Fonseca Mora: para mí, ha roto paradigmas. A través de su fundación Ojitos de Ángel no solo ha permitido formar a miles de nuevos lectores, sino que ha abierto las puertas para que otros autores también sean leídos. Nuestro Panamá literario requiere de más personas como Ramón.
Lupita Quirós Athanasiadis: es un ejemplo de constancia y superación constantes; siempre está dispuesta a aprender y por los medios a su alcance fomenta que otras personas accedan a la lectura y a la literatura. Cada vez que hablamos, la veo empeñada en un nuevo proyecto.
Enrique Jaramillo Levi: a Elsie Alvarado le escuché llamarlo “una institución en un solo hombre”. Tantas veces hemos discrepado, pero nunca dejaré de admirar su tenacidad y su obsesiva vocación por el trabajo, del que salen concursos, congresos, festividades, publicaciones, talleres, diplomados. Tiene un montón de libros, más de los que sería prudente en un medio marrullero como el nuestro; quítenselos todos y no pasará nada… humanos somos y requerimos poco espacio; pero quítenle lo que ha hecho por otros y se abriría un hueco enorme en el panorama literario contemporáneo.
Ricardo Ríos Torres:una vez, estudiante yo, él director de Educación Secundaria, nos enfrentamos en un respetuoso reclamo en el colegio Félix Olivares. Luego seríamos colegas en la USMA, donde ingresé llamado por los ecos del fructuoso Círculo de Lectura que allí fundó, la génesis de tantos que hoy existen. Un maestro en todo el sentido de la palabra, a quien se le debe mucho.
Es probable que no haya leído todos sus libros, pero de cada uno he leído de cabo a rabo excelentes (y útiles) libros. Hay más como ellos, por suerte. El camino es difícil, duro, espinoso, y lo saben, pero avanzan. En lo particular, siempre diré presente cuando den otro paso y requieran ayuda, porque queda mucho por hacer y faltan hombros para sostener el peso de las tareas y, lo que es peor, el peso de las piedras que se lanzan desde la cuneta.
Que la palabra te acompañe.