“No sabes lo que te pierdes por examinar al microscopio la actividad sexual” Anais Nin
El tema de la sexualidad actúa como una corona de ortigas que deja con picazón la mollera de mujeres y de hombres. Mi amiga (la del primer diálogo), no dejó pasar una semana sin enviar otro mensaje. Me regaló espontáneamente (en ella todo es espontáneo) su versión de lo que es el erotismo, que según ella me dijo después en secreto, es la pornografía de los intelectuales.
ELLA: «Hablar contigo de esos asuntos fue alborotar mi avispero. Con sólo imaginar lo que estás escribiendo, aumentan las revoluciones por minuto en mi cerebro. De pronto, y juro que sin desearlo, quedo pensando en el significado de “erotismo”. ¿Cómo no hacerlo después que me siembras el sexo en la cabeza? Yo me considero una mujer erótica, ¿o no lo soy? Me pregunto: ¿qué es lo erótico para mí? Fue una pregunta importante que se te quedó en el bolsillo. De todas maneras, aunque no la hiciste, aquí está mi respuesta: Para mí, erotismo es el supremo refinamiento de la sexualidad; son las mismas y ordinarias sensaciones que paladea cualquiera, pero se vuelven eróticas cuando se prodigan forradas de sutilezas. El erotismo está consciente de estas sensaciones, sabe exactamente dónde radican y qué puede hacer con ellas para ennoblecerlas y darles el brillo de la intensidad. El acto sexual merece una meditación posterior. Si revisamos las sensaciones comunes y corrientes que hemos gozado, y planeamos para la próxima ciertas rectificaciones, a las que agregaremos metáforas y encajes de movimientos corporales y palabras susurrantes, sin duda significará una mejora en la relación y un mayor goce. En el juego que propones, claro que sí, desciframos claves secretas en nuestros cuerpos para el máximo disfrute, ¡esa es la misión primera y última del erotismo! Erotismo es voluptuosidad con imaginación, no con lascivia. Es la diferencia entre ser poseído y sentirse poseído. Me asombra cómo el pensamiento me ordena estas diferencias. Pero advierto que al final del acto, tanto el erotismo como las miradas, los roces, y la poderosa fuerza del pensamiento, quedan rendidas ante el más volátil de los comandantes: el orgasmo».
Como pueden ver, me dejó en pausa, en respetuoso silencio hasta que pude exclamar: ¡Bravo, amiga!
Ahora, humildemente, debo reconocer que esto no fue un diálogo sino un monólogo.