Las circunstancias nos obligan a hacerlo. Eso lo entendemos. Al convertir el diamante en un rectángulo, el campo es complicado para ver.
Como sugerencia, se podrían acomodar varias tribunas portátiles en el espacio vacío, tratando que el público tenga una mejor visión y un dominio de la cercanía.
Allí la afición se despista un poco, como antes ha pasado, pero siempre cumple, fiel a una causa en la cual estamos convencidos de apoyar.
Además, no deberían hacer de las boleterías un gran "pic nic", porque la recaudación debe ser amplia, pero en torno a la concurrencia de todos. Es preferible una cifra importante, con un estadio lleno y no las tres cuartas partes vacías. El pueblo, también juega.
De seguro que tampoco para los salvadoreños será normal jugar en este campo. La sensación es otra, la lejanía del público, las situaciones del ambiente harán que se pierdan y no le extrañe que al enterarse que es un estadio de béisbol, al arquero le dé por ponerse guantes de pelotero y no de arquero.
Ya el 15 de junio de 1984 no se pudo utilizar el "Revolución" y se recurrió al Mariano Bula. Hubo 300 parroquianos, la mayor parte catrachos, y caímos 0-3.
Los que estuvimos allí, debemos hacer que no se repita lo de veinticuatro años atrás. Para llegar a Sudáfrica 2010, la selección necesita quien la empuje, y ese, es deber de todos.