Augusto Pinochet no sólo cambió en 1973 la historia de Chile. Cambió también la forma de hablar de un país que sigue usando palabras diferentes para decir lo mismo.
Más de 26 años después de que los militares tomaron el poder y mientras el protagonista del drama lleva casi un año arrestado en Londres, en Chile decir "golpe" o "pronunciamiento" puede significar lo mismo.
Para los pinochetistas, los 17 años que vinieron después del "día de la asunción" fueron un "gobierno militar" y no una dictadura.
Usar cualquiera de la larga lista de palabras acuñadas en los años del toque de queda implica pararse a uno u otro lado de la raya que continúa dividiendo a los chilenos.
"Hay dos códigos linguísticos totalmente separados, que expresan contenidos diferentes", dijo el sociólogo Tomás Moulián. "Al decir golpe se está tomando una posición y al hablar de pronunciamiento uno está situándose exactamente en la postura contraria".
LENGUAJE ENTRE BANDOS
Gonzalo Tonwsend Pinochet es sobrino del general y opina que lo que hubo en Chile no fue exactamente una dictadura.
"¿Dictadura? No, en Chile hubo una revolución", explicó. "Las dictaduras en el mundo están muy desprestigiadas, dejaron gobiernos corruptos, países empobrecidos que no tuvieron éxito".
Este caso es diferente, dijo a Reuters el líder de Acción Pinochetista Unitaria. "En una primera fase fue una "dictablanda", como él muchas veces dijo".
Aunque dejó el poder en 1990 y se quitó el uniforme ocho años más tarde, Pinochet continúa siendo "el presidente" y quienes compartieron su trinchera ideológica aluden a él como "mi general".
Para los otros -"terroristas" o "comunachos" en la jerga derechista-, el militar es "Pinocho", sus simpatizantes "momios" y los soldados "milicos". La división de las palabras no entiende de edades. Define a la gente a la luz de lo que ocurrió hace casi tres décadas, explicó Moulián.
"Son palabras que expresan una lucha política presente. Hay un juicio sobre el pasado que impide usar un lenguaje común. Cada uno tiene que acudir a su propio lenguaje porque la situación todavía está cargada de pasión", dijo el sociólogo comunista.
Mientras el general retornaba libre en Londres una de sus últimas batallas y su futuro está en manos de la justicia británica, el tema "revivió todas las significaciones simbólicas latentes del golpe", añadió.
LA FRONTERA DE LAS PALABRAS
Pinochet, que no está "detenido" sino "secuestrado" en Gran Bretaña, es acusado de "violar" los derechos humanos o de cometer "excesos", durante sus años de dictadura, o gobierno militar.
Más de 3.000 personas murieron por culpa de la violencia política entre 1973 y 1990, mientras el general "reprimía" o ponía en orden la casa desbaratada por "el caos marxista" del derrocado presidente Salvador Allende.
Miles más lograron escapar y recibieron "la Beca Augusto Pinochet", es decir, se exiliaron en alguna otra parte del mundo.
En sus clases, el profesor de derecho Gustavo Cuevas tiene que elegir cuidadosamente las palabras y no porque una vez haya sido pinochetista o, como dice él, colaborador del régimen.
Lo que ocurre, cuenta, es que en el gobierno militar hubo dos etapas bien diferentes: "una autoritaria y si se quiere dictatorial, de 1973 hasta 1980, y otra desde que el gobierno aprueba la Constitución, se autolimita y empieza un régimen de tipo institucional".
Fue un gobierno cívico militar, por eso es injusto decir dictador, opina Cuevas, un politólogo y autor del libro "Pinochet, balance de una misión". Hablar en esos términos es abordar el tema de una forma "psicopolítica". "Si fuera opositor diría que fue una dictadura, si fuera pinochetista diría que fue un gobierno militar y si fuera un profesor de derecho que fue un régimen con rasgos constitucionales", dijo.
Cuevas aclara que no es marxista y Moulián que sí lo es. Ambos parecen, sin embargo, estar de acuerdo en algo: las palabras dividen. Si no pregúntenle a los chilenos.