A Hilario no le preocupa la fama; ya la conoció y sabe que con ella andan los éxitos y las desdichas. Durante su carrera boxística amasó una fortuna de 2 millones de dólares y saboreó los lujos de la vida, pero también supo de sus sinsabores: vivir entre cartones y drogas en la calle.
Ahora, a sus 45 años de edad y con su corazón abierto a Dios, a Hilario Zapata no le preocupa el que no fuera escogido este año para entrar al Salón de la Fama de Boxeo Internacional, mérito que sólo tres panameños más tienen en la historia de este deporte.
Zapata no cree que sus 16 años inmersos en la droga hayan influido en la decisión de los cronistas, que por segunda ocasión, no le dan los votos necesarios para inmortalizar su nombre.
"Simplemente Dios no quiso que fuera el momento y no creo que mis problemas de drogadicción restaran puntos. Ellos saben de mi vida y conocen de mi recuperación.
Zapata atribuye el rechazo a que sólo peleó dos veces en los Estados Unidos y no conocen de sus atributos como estilista. "Hay que recordar que yo cambié ese mito de que en Japón era imposible ganar".
"Ahora el boxeo ya no es tan importante para mí. Tendrían que hacerme una gran oferta para regresar como entrenador", comenta Zapata, quien se desempeña como conductor en el Banco Hipotecario.
Zapata recuerda que cuando perdió su primer título mundial minimosca ante Amado Ursua en 1982, en el gimnasio Nuevo Panamá, hubo mucha tristeza y fue el primer momento en que tuvo contacto con la droga. Primero fue la marihuana, después bazuko, cocaína y por último, las tres juntas hasta llegar a lo más bajo: la piedra.
El excampeón había conquistado esa corona en 1980 en Japón al destronar a Shigeo Nakajima y venía de defender esa diadema ocho veces en Korea, Japón, Venezuela y Panamá.
Desde ese momento comenzó la debacle para Zapata, quien confiesa que fue rescatado de las calles varias veces. Visitó todos los centros de ayuda en Panamá, inclusive estuvo en Cuba para su rehabilitación, pero parecía que no había solución.
Zapata caía una tras otra y se alejó totalmente del boxeo, del deporte en general e inclusive perdió contacto con su familia. "Pese a mi estado, yo sentía que podía ganar dinero peleando, pero sólo para comprar drogas".
Ahora, totalmente recuperado, encomendado a Dios y con la mente clara en su futuro, Zapata no aspira regresar al boxeo y da gracias por las oportunidades que mucha gente le ha dado en la vida.
El reflexiona y dice: "Dios no ve las veces que caes, sino las que te levantas". Dios sabrá cuándo será el mejor momento para entrar al Salón de la Fama, se lo dejo a Él; mientras, yo espero paciente.
Zapata realizó un total de 54 peleas, con diez perdidas, 43 ganadas, un empate y 14 nocauts. Inició su carrera en 1977 y se retiró en 1993.
Este extraordinario boxeador nació el 19 de agosto de 1958. Su primer título fue el minimosca del CMB, lográndolo por decisión unánime el 24 de marzo de 1980 ante Shigeo Nakajima, en Tokyo, Japón.
Zapata también fue otro de los campeones duraderos que tuvo Panamá, defendiendo en 8 ocasiones el campeonato de las 108 libras.
El 6 de febrero de 1982, en Panamá, pierde el cetro frente a Amado Ursúa, quedando noqueado en el segundo round. Zapata recupera el cetro perdido el 20 de julio de 1982 en Kanasawa, Japón, al vencer por decisión dividida a Tadashi Tomori. Hizo dos defensas y lo pierde el 25 de marzo de 1983 por nocaut en el tercer round en Corea, ante Jung Koo Chang.
El 5 de octubre de 1985 Zapata añade otro título a su carrera: el mosca de la AMB, ante Alonso González por decisión unánime.
Zapata intenta el 27 de febrero de 1993 capturar el título mundial supermosca del CMB, pero pierde por nocaut en el primer asalto ante Sunkil Moon. También es uno de los boxeadores con más rounds disputados en peleas por un título mundial con 304, superado solo por Emille Griffith - 310 rounds.