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Dios o Nietzsche, ¿a quién vas?

“Ni el misterio ni la evidencia son fáciles” Umberto Eco


Ami entender el duelo comenzó con dos letreros en el underground londinense: “Dios ha muerto”, firmado por Nietszche; más abajo se leía: “Nietzsche ha muerto”, y lo firmaba Dios. Curioso desafío entre un Dios literario vagando por las vías férreas, y un bigotudo Nietzsche, con nostalgias de mujer, que había ganado el primer round a su magno oponente con un derechazo Así habló Zaratustray lo había estremecido con un jab izquierdo de Gaya ciencia.

En duelo de palabras se hieren los dos contendientes.

Pero dios muere y resucita, Federico no. Las sectas religiosas que invocan dioses se multiplican, dejando bien claro la necesidad de un dios a quien achacarle castigos y recompensas. Aparte del músculo, el cerebro y la codicia, necesitan una esperanza; esperanza de una vida en el más allá, porque el más acá se les antoja violento e incómodo, además fugaz.

 

Ni la ciencia, ni sus rivales las religiones, han evitado la vanidad de autoproclamarse poseedoras de “la verdad”. El ateísmo se ha convertido en una fe, ya que al no poder comprobar la no existencia de Dios sólo le queda “creer que no existe”. Este puntiagudo argumento, cáete patrás, lo esgrimió Bush en un discurso con el cual quería complacer a los fundamentalistas cristianos. Pero, claro, ese mismo argumento le sirve a los ateos. Es decir, provoca un empate. Esto me recuerda otro empate: Si peco me condeno, si rezo me perdonan.

¿Por qué la gente se confiesa? Una vez mi amigo Rolando me dijo que lo hacen para salir del confesionario con más ganas de pecar. Entonces le pregunté qué prefería, el cielo o el infierno, me contestó. «Prefiero el clima de aquél, pero la compañía de éste».

Saco conclusiones infantiles, sin recovecos físicos ni metafísicos; además, no son otra cosa sino pereza de seguir reflexionando, así, afirmo que muchos de los creyentes, para hacer posible el destino final que anuncia la Biblia, animan al hombre a seguir procreándose, y esto, definitivamente, nos conducirá al final de la especie, porque, ¿cómo diantre se soluciona la falta de espacio y de alimentos sino es con destrucciones masivas? Para esto el Apocalipsis cuenta con aliados tontos que estúpidamente corrompemos nuestro propio ambiente, y lo hacemos torpe y alegremente aunque nos llamamos unos a otros homo sapiens.

 

Antes de que suceda la catástrofe, daré las gracias a mi amigo Ariel por su gentil columna del domingo pasado.


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467744
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América