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Dioses, leyes y pastoreos

Cuando ya parecíamos haber superado que las iglesias se metieran en la política, viene un tipo y trata de ejercer su pastoreo desde la alcaldía. Si no quiero una estatua gigante de la Madre de Jesús en la cinta costera, tampoco quiero a un entonador de salmos en una alcaldía.


Mónica Miguel Franco (Antropóloga, actriz y escritora) / PANAMA AMERICA

Nada más lejos de mi intención que meter la cuchara en decisiones que le competen a la Corte Suprema de Justicia, pero no puedo. De verdad que no puedo. Me he resistido a escribir sobre esto. Pero no puedo. Es superior a mis fuerzas. Así que señores de la Corte (no se les llama cortesanos, ¿verdad? Je…) y del Tribunal Electoral, si cuando lean esta columna aún no han emitido su fallo, por favor, no sigan leyendo para no verse influidos por mi parecer antes de sacar su veredicto, ¿de acuerdo? Gracias.

Ahora que me he quedado tranquila sabiendo que no voy a influir en nadie, sigo: me aparece alucinante, no ya que haya que elevar una consulta a la Corte Suprema para ver si el tema de la candidatura de un alto cargo de una iglesia evangélica para ser alcalde es inconstitucional o no, sino que siquiera ese alto cargo se lo plantee. Y que además tenga los bemoles de decir que ha pedido ‘licencia’ en su pastoreo. Y yo, ojiplática y patidifusa una vez más.

Pero vamos a ver, ¿en serio se creen que todos somos del género tonto? ¿En serio los que pretenden llegar a cargos públicos se piensan que todos somos imbéciles profundos? Porque no digo yo que no haya una gran mayoría de tarados en este país, muestra de mi afirmación la tenemos en las elecciones que se hacen cada cinco años y en la jarca que va saliendo en cada una, pero una cosa es una cosa y otra cosa es tratar de metérnosla doblada y que encima nos guste.

Vamos a ver. Dios en cada uno y la paz entre todos. La fe es cosa de cada quien, cada uno la tiene o no la tiene, o la deposita en el dios de su preferencia. Que no porque sea uno es el único para todos. Cuando ya parecíamos haber superado la época en la que las iglesias metían sus zarpas en los asuntos políticos (no solo la católica, ojo…ejemplos protestantes hay para echar para el aire, y musulmanes y judíos…), viene un tipo y trata de ejercer su pastoreo directamente desde la alcaldía. Afirma que ha pedido licencia, y digo yo, ¿licenciará también su fe durante cinco años? Porque a ver cómo me va a demostrar que sus creencias no influirán en su desempeño político. Claro que las creencias de todos los políticos influyen, sí, pero si eres un preboste de una iglesia es mucho más llamativo, y no me vengan a decir que no.

Creo que se nos ha olvidado el significado de ser un estado laico. Reconocer constitucionalmente la mayoría católica no quita que también se de libertad de cultos. Si no quiero una estatua gigante de la Madre de Jesús en la cinta costera, tampoco quiero a un entonador de salmos en una alcaldía. Si no quiero que me impongan ciertas creencias de un tipo, tampoco quiero creencias de otro tipo influyendo en decisiones que solo deben ser tomadas en base al bienestar de todos los ciudadanos, y no solo de los evangélicos, o los católicos, o los protestantes. En estas circunstancias queda pintiparada la frase ‘zapatero a tus zapatos’, si tu vocación es ser pastor de almas, pues eso has de hacer, pastorea a aquellas ovejitas que se sientan seguras siendo recogidas en tu redil cada domingo. Habla de la salvación eterna y explica, a aquellos que quieran escucharte, lo que han de hacer para lograrla. Pero deja quieta la política. Bastante tenemos con tener en ella a los que hacen del deshonor su religión.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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