San Salvador.- El dolor se acrecienta cada segundo en los poblados más golpeados por el terremoto que sacudió el sábado a todo El Salvador.
Los muertos suman más de 400 y las cuadrillas de rescate intentan sacar los cadáveres atrapados entre los escombros, con la ayuda de los familiares que guardan una pizca de esperanza de que haya vida.
La populosa residencial "Las Colinas", al este de San Salvador, se convirtió en el cementerio más grande de esta tragedia. Unas 1,200 personas yacen atrapadas en sus propias viviendas. Unas 800 casas fueron literalmente borradas del mapa, luego que un cerro se desprendiera y cayera sobre ellas, al igual que en la población vecina de Comasagua, donde se desconoce con certeza cuántas víctimas son en total.
"¡Aquí hay un vivo!" gritan los rescatistas, mientras los familiares retiran con palas o con sus manos, puñados de tierra, mientras 24 horas después esto ya huele a muerte.
En el occidente templos y poblados completos están en el suelo, carreteras destruidas y no hay ni agua, ni electricidad, ni comida. Los hospitales atienden a los heridos en las calles, casi sin abastecimientos médicos y con muy poco recurso humano; las enfermeras y los doctores ya no dan abasto.
Otra de las poblaciones que está totalmente en ruinas es Armenia, en el Sonsonate, unos 40 kilómetros al este de San Salvador.
A las 4:45 de la tarde, ocurrió un nuevo movimiento telúrico. La incertidumbre prevalece y es que hasta esa hora se han registrado más de 400 réplicas. La gente llora y se arrodilla implorando clemencia al Creador y pidiendo ayuda, porque ya nadie soporta este golpe que deja cientos de muertes, miles de heridos y noches de vigilia que parecen interminables.
En el oriente del país, la historia es aún peor. Una camioneta repleta de pasajeros se derrumbó y esto obstaculiza la principal vía de acceso al oriente, la Carretera Panamericana.
En Berlín en el departamento de Usulután, la tragedia es evidente, la ciudad quedó en ruinas, como si un tornado lo hubiera arrastrado todo.
La televisión local colabora con la población, avisando que algunos están bien, o mostrando los cadáveres para que algún familiar los reconozca, porque la telefonía terrestre y móvil está caída.