Los héroes populares unifican en medio del caos, dan sentido a la colectividad y se transforman en mitos, en una razón de agradecimiento y satisfacción que perdura. Por eso cuando parten, a diferencia de nosotros los seres comunes, la colectividad social experimenta una suerte de desgarramiento, es como el desprendimiento de un pedazo importante de una etapa, y se sorprende, y se duele, pero incorpora como un paliativo, el agradecimiento y la sensación de haber sido también, parte de ellos, de haber estado en el momento en que se hicieron grandes.
Mucho de eso ocurrió este jueves cuando una muchedumbre silenciosa acompañó los restos del deportista colonense Pedro "Mago" Rivas , una de esas personas que al parecer vinieron a este mundo a hacer cosas específicas, pero no a hacerlo de cualquier manera sino bien , al término de lograr el reconocimiento y la admiración de una sociedad que por los años 70 del glorioso siglo XX, comenzaba a despertar y a reconocer sus propias potencialidades, porque a diferencia de otras actividades sociales, el deporte es sin duda un patrimonio colectivo.
¿Cómo olvidar "Mago" aquella noche de marzo de 1970 cuando se realizaban en el gimnasio, llamado entonces Nuevo Panamá, ahora Roberto Durán, los undécimos juegos Centroamericanos y del Caribe? Habíamos tenido discretas participaciones en algunas disciplinas y destacadas en otras, pero desde el principio del torneo en el baloncesto se percibían nuestras posibilidades, y una fanaticada parecida a niños sorprendidos daba seguimiento a cada partido en el que vencíamos a los hermanos países del área. Navegamos entonces entre la incredulidad y los deseos de reafirmarnos. Entonces Tomy Cupas o Chelo González, por la tv y la radio nos decían que "Herbert Cousin la pasaba a Peart, este la devuelve a Cousin, Cousin para Peralta que la entrega al Mago Rivas, Rivas se cuela entre cuatro jugadores y..dos puntos. ¡Qué canasta!".
Fue así como nació el mito. Ya en Colón se hablaba de Mandrake, como en Panamá se hablaba de la asombrosa puntería de Davis Peralta para colar puntos desde cualquier ángulo, pero fue en esos juegos donde el país se percató del talento que había en ese equipo, sobre todo en Rivas y Peralta, y poco a poco, triunfo tras triunfo, narración tras narración, el colectivo social se fue embriagando con sus titulares, y a tener la convicción de que podíamos ganar la medalla de oro de los Juegos.
Solo había una justificada preocupación: Cuba. A diferencia de nuestro casi anonimato en el baloncesto regional, Cuba era un gigante, con experiencias en mundiales. Nosotros, como siempre, éramos el resultado del talento y el sacrificio individual, del esfuerzo del deportista que trabaja en el día y practica de noche. Ciertamente es que para esos años el deporte había registrado cierto respaldo oficial, pero a diferencia de nuestro equipo, el cubano además de la experiencia poseía las condiciones y en sus filas militaban estrellas como los legendarios hermanos Herrera, y el inmenso Chapé, verdaderas amenazas. Esa realidad fue la que nos llevó al gimnasio esa noche de marzo de 1970, con una sensación de que éramos David contra Goliat. Cuba era Cuba, y arribaba invicta a las finales, con victorias contundentes sobre el resto de los equipos.
Y esa superioridad se hizo sentir desde los primeros minutos del juego. En la primera mitad del juego Cuba le sacó a Panamá una ventaja de 15 puntos. Pese a ello no era silencio lo que guardaban los panameños que llenaron el gimnasio a su máxima capacidad. Había ánimo, una esperanza que había dejado transcurrir en voz baja, algunas veces y en coros ensordecedores cuando había una anotación panameña, pero con la preocupación por la distancia que tomaba Cuba. En la segunda mitad, el director italiano que guiaba a los panameños, Pireli Minetti si mal no recuerdo, cambió la estrategia y en lugar de la confrontación del punto por el punto, mandó a los panameños a deshacerse de las amenazas. Sobrevino una carga de hombre a hombre donde Peralta y el Mago Rivas serían claves. Minetti los mandó a entrar al área, y jugadores cubanos como los Herrera y el propio Chapé comenzaron a cargarse de faltas. En el último cuarto de juego ya no estaban estos últimos, y las faltas no solo habían logrado minar la ofensiva de la Isla sino que incorporó a los panameños una significativa dosis de moral, que terminó por ser complementada por una fanaticada delirante que, literalmente quería echar a bajo el gimnasio, conforme los jugadores panameños fueron recortando la ventaja cubana.
Lo que asombraba era la forma como el equipo se había crecido, sobre todo a la sombra de un Mago Rivas que parecía imbatible, y un Peralta que, metafóricamente hablando, podía tirar con los ojos cerrados, y encestaba. No hubo defensa que pudiera detener a Pedro Rivas, que en efecto, desde esa noche sería conocido dentro y fuera del país, como el Mago. Dos o tres jugadores y en ocasiones hasta cuatro no eran suficiente para detenerlo. Si para su tiempo la NBA hubiese tenido el peso que tiene hoy, no me cabe la menor duda de que Rivas hubiera sido uno de esos talentos que los "cazadores" se hubieran llevado hacia el tabloncillo norteamericano. Pero bueno, es un poco lo que pasa en el boxeo con Ismael Laguna. A penas comenzábamos, ellos eran los zapadores y las ofertas no eran tan altas como ahora.
Por eso el martes de esta semana cuando Raymont Grant, un colaborador regular de Semblanzas , me hizo llegar un artículo sobre Rivas rememoré aquella jornada. No la hemos repetido. No me refiero a los triunfos solamente, sino a la intensidad y al surgimiento de mitos populares como el ahora desparecido Mago. Con certeza Grant señala: En cada generación y en cada sector dentro de ella, surgen aquellos ciudadanos cuyo desempeño en uno o varios aspectos de nuestra cultura, los perfila como símbolos de nuestra identidad cultural; a nivel internacional, nacional y provincial. Las llamadas en el exterior no cesaban, muy prontos comenzamos a aprender que uno de los nuestros ya no estaba entre nosotros. Desde el exterior; José Bennett, Ernesto Piterson y este servidor Raymond Grant; entre otros, sentimos tremendamente la desaparición de aquel que fue el símbolo de nuestras aspiraciones deportivas de una época.
¡Adiós Mago.. valen los dos puntos!
Si para su tiempo la NBA hubiese tenido el peso que tiene hoy, no me cabe la menor duda de que Rivas hubiera sido uno de esos talentos que los "cazadores" se hubieran llevado hacia el tabloncillo norteamericano.
- Paíto te decides viajar siempre a Yaviza.
- No le hagas caso a esos necios, fue su respuesta. Treinta minutos más tarde llegábamos a Yaviza. Ana Berta lloró al verlo:
- ¡Así es la única forma que puedes venir por acá Pao!
Esa noche durmió en casa de su sobrina. Muy temprano nos encontramos y me manifestó:
- Me van a matar en este pueblo ya he tenido que desayunarme dos veces; primero donde mi sobrina y luego Tito Valdelamar prácticamente me obligó a tomarme un segundo desayuno. Pao acostumbraba a comer poco, sano y regularmente a la misma hora.
(*) El autor es ingeniero agrónomo
2 Extracción y procesamiento de piedras para uso en la construcción.
"Dos puntos" a la eternidad
En cada generación y en cada sector dentro de ella, surgen aquellos ciudadanos cuyo desempeño en uno o varios aspectos de nuestra cultura, los perfila como símbolos de nuestra identidad cultural..R. Grant