“Es otra tristeza para el pueblo argentino que sufre bastante ya con toda la situación que está viviendo”, filosofó Silvia Barruti, un ama de casa de 55 años rodeada de fanáticos desconsolados en un atestado bar céntrico, invadido abruptamente por un ambiente de velatorio.
Sergio Barriche, comerciante de 29 años, que guardaba resignado su bandera y su gorrito albiceleste, dijo malhumorado: “Gente que gana tanto dinero como estos jugadores debería poner empeño desde el primer partido y no sólo en los últimos minutos, cuando ya era tarde”.
Buenos Aires volvía poco a poco a su condición de ciudad dormida después de que millares de televisores permanecieran encendidos en las casas en las que la gente volvía a la cama con el gusto amargo de una floja campaña en el Mundial, en el que Argentina sólo le ganó a Nigeria 1-0 pero perdió con el mismo resultado el clásico con Inglaterra.
Con una sensación térmica bajo cero, no muchos aficionados se habían atrevido a desafiar el frío y salir a la calle para ver el partido en bares, restaurantes y otros locales, por lo que el ambiente en la ciudad —y en todo el país— era de silencio, tristeza y oscuridad. Argentina atribuyó su temprana eliminación de la Copa Mundial a la mala fortuna.
Tengo una gran tristeza y una tremenda desilusión’’, dijo el técnico Marcelo Bielsa. Lamento tener que decir lo mismo, pero Argentina tuvo mala suerte, la misma mala suerte que tuvo ante Inglaterra’’.
Tuvimos como 20 oportunidades de gol y la pelota no quiso entrar’’, señaló Bielsa sobre el empate 1-1 con Suecia, que eliminó a los argentinos de la Copa.