España conquistó su tercer Europeo Sub-21 al derrotar a Suiza en la final (0-2) y tocó el cielo de Aarhus con un Thiago celestial, autor de un gol, para enmarcar en una falta a 40 metros de la portería que puso el broche a un torneo que extiende el dominio español en el fútbol.
Una nueva generación repleta de brillantez se proclamó campeona de Europa en un estadio que debe ser patrimonio de la humanidad para España. En el Aarhus Stadion nació un estilo en la absoluta que la guio a ser campeona de Europa y del mundo. Los chicos de Milla, con una herencia de juego impagable, terminaron un torneo impecable.
Superaron la presión de ser favorito. La racha de éxitos del fútbol español provoca que los rivales estudien el juego y plasmen un planteamiento centrado en la destrucción, antes que en mostrar sus cualidades. Le ocurrió a Suiza. Hasta la final brillante en su fútbol. Segura en defensa, sin encajar un gol. Sacrificó la calidad de jugadores como Shaquiri en la pelea. En el reto de frenar la magia de jugadores que cambian el ritmo: Thiago y Ander Herrera.
A España le costó romper el partido. Salvo una llegada aislada que finalizó Adrián en un centro que no encontró rematador, se atascó. La presión de la final. El cansancio acumulado de un equipo en el que Milla no ha rotado.
El tanto del campeonato de un futbolista que marcará una época si no tuerce su camino. El broche de oro para el campeón. La "generación de oro" de la selección española absoluta tiene el futuro garantizado.