Las centrales obreras de Ecuador iniciaron el miércoles una huelga general de dos días que el gobierno combate en las calles con los militares amparado en un estado de emergencia.
Luego del inicio de la huelga general en Ecuador, el pasado miércoles continúan los combates en las calles del gobierno con los militares, lo cual ha amparado un estado de emergencia.
La huelga fue convocada para protestar contra la política neoliberal del presidente Jamil Mahuad, quien cumple el próximo miércoles siete meses en el poder.
La paralización ocurre en momentos en que el gobierno prepara un plan económico que anunciará el jueves, con el que buscará sacar al país de una de las más graves crisis económicas de la última década.
Mientras en Quito se producían choques entre unos 400 trabajadores y la policía, en otras provincias las carreteras eran bloqueadas por indígenas en señal de protesta.
El gobierno dijo el miércoles que el estado de emergencia, que podría durar hasta 60 días, fue dictado con miras a neutralizar las amenazas de los trabajadores de paralizar los servicios públicos, como el agua, las telecomunicaciones, la electricidad y el petróleo.
"Esto (la emergencia) significa que el gobierno cuenta con instrumentos que le permitan controlar cualquier tipo de desmanes. Los sectores que han proclamado el paro han llamado a hacer una movilización combativa. Hay una serie de indicios que en ciertos sectores se podrían producir hechos violentos", dijo a la prensa el ministro de Gobierno, Vladimiro Alvarez.
Sin embargo, el ministro descartó que la emergencia ponga en peligro la democracia en el Ecuador. La última vez que Ecuador vivió un estado de emergencia fue en febrero de 1997, a raíz de la destitución del ex presidente Abdalá Bucaram.
La actividad comercial y bancaria en el Ecuador era nula, así como el transporte público. Unos 3 mil militares y 12 mil policías estaban apostados en lugares claves de las 22 provincias ecuatorianas para evitar manifestaciones violentas.
Los centros comerciales de Quito se encontraban custodiados con vallas de alambres de púas y militares en previsión de posibles saqueos.
El presidente Mahuad mantenía reuniones con su gabinete en Palacio de Gobierno para terminar los detalles del plan económico, luego de que declaró el pasado miércoles y jueves como feriados en un afán por restar fuerza a la huelga.
En el lado laboral, el discurso se mantenía recalcitrante en favor de la huelga de 48 horas.
"Hay una indignación de todo lo que está aconteciendo y lo que se quiere expresar a través de estas jornadas de protestas es que el gobierno vaya a rectificaciones" dijo el dirigente de la Federación de Trabajadores Eléctricos, Edgar Ponce.
Ecuador vive desde 1998 serios apuros financieros por los embates del fenómeno climático de El Niño, la sostenida caída del precio del petróleo y el contagio de la crisis financiera internacional.
En 1998, Ecuador registró la mayor inflación de América Latina (43,4 por ciento), creció 0,8 por ciento y terminó con un déficit fiscal de seis por ciento del Producto Interior Bruto (1.200 millones de dólares).
Analistas dilucidaban el pasado miércoles las posibles medidas económicas que el gobierno podría dar el jueves, pero muchos coincidían en que el mayor problema a atacar es el hueco fiscal, que amenaza con desbocarse a niveles inimaginables.
"Llegó el momento, en que todos debemos contribuir para levantar a nuestro país, pero sin exigir condiciones no esperar resultados a corto plazo", acotó.
El gobierno, que negocia un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), admitió el pasado martes por primera vez que evaluaba a la convertibilidad monetaria como una vía para resolver la crisis.
Ecuador, con una población de 12,2 millones de habitantes, tiene una deuda externa de más de 16 mil millones de dólares y un índice de pobreza de 62,5 por ciento.
Ante la huelga, los ecuatorianos mantenían una actitud de temor frente a sus ahorros, ya que la banca privada tiene desde el lunes las puertas cerradas por orden del gobierno.
Rumores sobre una posible incautación de divisas, especulación cambiaria y una dramática depreciación del sucre frente al dólar afectaron la evolución de la banca ecuatoriana, sorprendida la semana pasada por un brusco retiro de depósitos.