Roberto Correa, simplemente se tiró la final. Hoy debía ser un día feliz para la ANAPROF, su equipo (Plaza Amador) y los actuales campeones (Arabe Unido), pero se convertirá en una jornada de reflexión.
Correa no tiene justificación y después de ser escuchado, no queda más que darle una ejemplar sanción.
Ayer, en el Rommel Fernández, arremetió contra uno de los árbitros que estaba pitando en la final de la Apertura de la ANAPROF.
Correa se abalanzó y golpeó con su cabeza al árbitro en la boca, por el simple hecho de no gustarle una decisión, provocando inestabilidad en un partido que hasta ese momento había sido ordenado.
El hecho flagrante ocurrió en el complemento, justo cuando Plaza estaba perdiendo 1-0 ante el Arabe.
El arbitraje, cuestionado durante todo el torneo, por los jugadores -entre ellos Julio Dely Valdés-, tenía una aceptable actuación minutos antes del incidente deplorable.
Después de ello, el encuentro se salió de las manos y lo mejor que pudieron hacer los árbitros fue pitar el final, aunque muchos reclamaron que nunca se repusieron los casi diez minutos que se perdieron cuando Correa embistió al colegiado.
Este jugador que había sido muy racional dentro de la cancha y acatado con nobleza las decisiones, estalló y no pudo contener su furia, tal vez cansado de los desaciertos de los árbitros.
La ANAPROF deberá tomar medidas severas en cuanto al arbitraje, sin justificar lo acontecido ayer, pues durante todo el desarrollo de esta temporada, ha sido su talón de Aquiles.
También será oportuno reflexionar que tanto en semifinales, como en las finales pueda acompañar a la terna, un árbitro foráneo.
Pues dejó un mal sabor el que se hayan traído árbitros extranjeros sólo para las semifinales.
Lo de ayer, aunque no es la primera vez que ocurre en el deporte panameño, fue un claro ejemplo de la falta de profesionalismo de los atletas locales.
La ANAPROF no debe esperar mucho tiempo y hoy mismo debe emitir un comunicado dando su opinión al respecto.
Ahora sólo queda buscar correctivos y ejemplarizar este caso, para que todos sepan que pegarle a un árbitro, por muy desatinado que esté, es un acto bochornoso, antideportivo y castigado severamente por las autoridades de la disciplina que le compete.