(Primera entrega)
Los libros de don Tobías Díaz Blaitry Soy piedra, soy arena y Sueños ante un espejo consta cada uno de 47 poemas. En los dos poemarios, escritos en versos libres, con predominio del metro de arte mayor, el ritmo se mantiene a través del acento final e incluso internamente en un 90 por ciento sobre las voces graves. Este recurso les otorga a ambos poemarios una cadencia rítmica y tonal, a pesar de tratarse de una estructura estrófica de formas abiertas. Un ejemplo lo tenemos en la primera estrofa del poema que le da título al libro: Soy el día que se inicia, la noche que termina, /Soy piedra/Soy arena, viento y llama,/Soy nube.
En cuanto al contenido, los dos poemarios se hermanan en un solo hilo temático: las caras jánicas del tiempo en el devenir del ser. Sueños ante un espejo es el recuento mítico del origen del hombre desde que recibe el hálito de vida hasta que vuelve a la esencia original, divina. Entre estos extremos también nos cuenta el poema la historia de las aspiraciones, dudas y fracasos del hombre, así como también la ironía de saber que ese superior al que volvemos, está cansado de los humanos (el poemario termina así: llamando a alguien, pidiendo la ascensión lentísima/ de un ser cualquiera perdido. Impaciente de que estemos aquí, todavía.) Soy piedra, soy arena muestra la temporalidad física del hombre que lleva al hablante lírico a la duda sobre el ser.
Tobías Díaz Blaitry es un poeta que ocupa merecido sitial en las letras panameñas por la universalidad de sus temas, sin apartar el localismo pues rescata paisajes del terruño a través de la descripción pormenorizada; por la agudeza con la que estremece la concepción rutinaria que tenemos de las cosas, porque él funda un nuevo orbe donde lo concebido o preestablecido se desmorona y su lugar lo ocupa una realidad proteica.
Sueños ante un espejo se inicia con dos epígrafes sugerentes: uno de John Keats en su idioma original, que traduzco: ¿Era una visión o un sueño despierto? / Escapa de esta música - ¿Estoy despierto o dormido?
Y el otro de Jorge Luis Borges, que dice: Símbolo de una noche que fue mía,/sea tu vago espejo esta elegía.
Ambas citas nos reafirman la intención onírica del título. Además, establecen vínculos entre los dos escritores que nos ayudan a entender el propósito de esta obra: asignarle a su poemario un valor arquetípico.