Euclides Lucero Espino no necesita ayuda de computadoras y programas especiales para desarrollar su arte. Ni siquiera ha tenido que hacer publicidad para su negocio - que ya tiene 31 años -, puesto que la habilidad de sus manos, habla por él.
Desde 1976 trabaja en su casa dentro de un estudio de pocos metros cuadros, en el que pone su destreza en el arte de la caligrafía fina al servicio de todos.
Unas plumillas, tinta china, reglas, escuadras y una pequeña lámpara son suficientes para que este santeño de 76 años, confeccione invitaciones de bodas, diseñe pergaminos de empresas privadas, ministerios, clubes, escuelas, asociaciones cívicas y de los apellidos de las familias más notables y de todos los que hayan solicitado que estampe su trazo caligráfico en documentos para la posteridad.
Don Euclides recuerda, como una de sus mayores satisfacciones, el haber confeccionado un pergamino para la Primera ministro de Israel Golda Meir.
Además de la caligrafía, también practica la pintura, pues el maestro Juan Manuel Cedeño, que lo conoció en su natal Los Santos, lo trajo a la ciudad y lo motivó a ingresar a escuela de Bellas Artes de Panamá, donde aprendió pintura con Cedeño y Arte Comercial con el maestro Álvaro Álvarez. Allí fue condiscípulo de Guillermo Trujillo e Iván y Julio Zachrisson, grandes maestros de la plástica nacional. En 1954 se graduó de pintura, arte comercial, plumillas, letras y acuarelas.
Este panameño, que una vez se negó a aceptar una beca para estudiar en el Instituto Nacional de Agricultura (INA), porque sabía que no tenía vocación para eso y que soñó emigrar a las escuelas de artes italianas para aprender el secreto de los grandes maestros, ahora dice orgulloso que: "Todo lo que me rodea, mi casa y la educación de mis hijas las he costeado con mis manos y con el arte caligráfico.