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El Capitán Alatriste


Los mercantes y uno de los galeones se desviaron de camino, a Vigo y a Lisboa, y el resto de las grandes naves seguimos rumbo a Cádiz. En cuanto a los corsarios, ésos se habían quedado por arriba, merodeando frente a las costas inglesas, haciendo muy bien su oficio, que era el de saquear, incendiar y perturbar las actividades marítimas del enemigo, del mismo modo que éste nos lo hacía a nosotros en las Antillas y en donde podía. Que a veces Dios queda bien servido, y donde las dan las toman”.

“Quisieron los herejes, como acostumbran, jugar de la artillería tirando de lejos con sus cañones de cuarenta libras y con las culebrinas, merced a la pericia en las maniobras de sus tripulaciones, más hechas al mar que los españoles; habilidad en la que –como demostró el desastre de la Gran Armada– ingleses y holandeses nos aventajaban siempre, pues sus soberanos y gobernantes alentaron la ciencia náutica y cuidaron a sus marinos, pagándolos bien; mientras que España, cuyo inmenso imperio dependía del mar, vivió de espaldas a éste,habituada a tener en más al soldado que al navegante”.

De esa manera les tomamos dos urcas y hundimos una tercera, escapando la cuarta bien maltrecha, mientras los corsarios –nuestros flamencos católicos de Dunquerque no se quedaron atrás en la faena– saquearon e incendiaron muy a su gusto veintidós arenqueros, que navegaban dando bordos desesperados en todas direcciones como gallinas a las que se les cuelan raposas en el gallinero. Y al anochecer, que en la latitud de aquellos mares llega cuando en España apenas es media tarde, dimos vela al sudoeste dejando en el horizonte un paisaje de incendios, náufragos y desolación”.

 

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709064
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América