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El doctor de la velocidad

Llegó a la Fórmula Uno en 1975 de la mano del afamado piloto brasileño Emerson Fittipaldi; desde entonces, Grajales no ha parado de darles asesoramiento, en materia de seguridad, a los pilotos.


Circuito de Montjuic: 27 de abril de 1975. El piloto alemán Rolf Stommelen hunde el pie en el acelerador de su Hill-Ford... de repente, en la vuelta 26, pierde el control y se va contra la multitud. En medio de la histeria y el caos, el doctor panameño Rafael Grajales Robles corre desesperadamente hacia el área de la tragedia.

Milagrosamente, Stommelen queda con vida, pero otras cinco personas no corren con igual suerte y fallecen.

 

Mucho antes de pisar por primera vez los boxes de la F-1, en Montjuic, Barcelona, Grajales lo venía advirtiendo: “Yo era un crítico de la seguridad en las carreras, antes que brindara asesoramiento a pilotos como el brasileño Fittipaldi y el austríaco Nicky Lauda. Allí (en Montjuit) se pudo confirmar que tenía razón en mis planteamientos”.

Todo por el bien del piloto.
La lucha por imponer un mejor dispositivo de seguridad en la F-1 no fue fácil. La presencia de Grajales incomodaba a los dueños de los circuitos y, especialmente, al todopoderoso Bernard Charles "Bernie" Ecclestone, la autoridad más importante de la F-1.

Pero, ¿por qué tratar de echar a un lado a un hombre que buscaba proteger y salvar vidas?

 

Grajales, un conocedor de cinco idiomas, explicó que el sistema de rescate y asistencia médica que él promovía (y que se utiliza actualmente) consistía en llevar el médico al paciente y no hacerlo al revés.

Lógicamente -precisó el doctor panameño- “esto implicaba cierto gasto, como comprar ambulancias y equipos médicos, lo que significa un gran gasto para los dueños de los circuitos”.

Tras la desgracia de Montjuic, la fama de Grajales -especialista en traumatología, medicina cardiovascular y cirugía plástica estética- creció entre los pilotos, quienes seguían al pie de la letra sus consejos y recomendaciones.

 

“Gané mucho poder entre los pilotos; yo siempre velaba porque todo estuviera bien en materia de seguridad. Si no era así, ellos no corrían”, afirmó.

Cada vez que Grajales aconsejaba no arrancar los motores, la transmisión de la TV se atrasaba. Esto afectaba el negocio y, en consecuencia, el bolsillo del “patrón”.

“Mi conexión directa siempre fue con los pilotos”, dijo el doctor.

 

Mucha experiencia.
Desde 1975 hasta finales de los años 90, Grajales, oriundo de Aguadulce, asistió a 300 grandes premios de la F-1 consecutivamente.

Durante ese período, el médico coclesano vio morir a estrellas del volante, como el británico Tom Pryce, el francés Patrick Depailler y el brasileño Ayrton Senna.

Desde 1994, año en que falleció Senna, las pistas de la F-1 no se han vuelto a manchar con la sangre de los pilotos, gracias a la lucha que encabezaron personas como el doctor Grajales.


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350511
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América