El escritor portugués Antonio Lobo Antunes, uno de los escritores más traducidos en el mundo y uno de los más premiados en los últimos años, asegura que escribe con cosas "que los demás desechan".
Antunes explicó que se siente como un hombre "que va a la basura y busca cosas que otros no quieren, que echan fuera".
El escritor, cuyo nombre suena siempre para el Nobel, indicó que los premios, aunque le "agradan" y le parecen "un honor", también lo dejan "indiferente".
"Los premios no te hacen ser mejor o peor escritor", precisó el autor consagrado al amor por la palabra y a la intensidad de las emociones, a quien no le interesa narrar historias.
De su mano han salido títulos como "Conocimiento del infierno", "Manual de inquisidores" o "Yo he de amar a una piedra", entre otros.
Además, el autor tiene publicado en España uno de sus últimos libros, "Mi nombre es legión" (Siruela), un título en el que construye una polifonía de voces, con monólogos interiores que son un torrente de palabras.
En él habla de seres "desheredados", de delincuentes en barrios marginales de Lisboa, de prostitutas, de criminales o de hijos con padre, pero sin él.
Son personas tocadas o heridas y a las que la palabra poética de Antunes quiere comprender.
El escritor portugués tiene, además, ya terminado, otro título, "Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar", que saldrá a la venta en Lisboa el próximo mes de octubre.
La nueva obra es "una de las mejores cosas que he hecho", dice Antunes.
"Me gusta el nombre del título, se refiere a una canción popular de la frontera con España que cantaban en Navidad. Me encanta", asegura.
Señala el autor que cada vez le es "más difícil" escribir, y que tiene miedo a "desilusionar" a la gente "que ha creído en mí".
"Yo nunca pensé en publicar, solo en escribir. Cuando empecé a los 31 años nadie quería hacerlo, ni en España, donde me rechazaron todas las editoriales. Hoy me he convertido en una marca registradora como los cereales del desayuno, en un caballo", dice.
Lobo Antunes vierte en sus folios temas como la guerra (pasó casi tres años como médico psiquiatra enviado por Portugal durante la guerra de liberación de Angola), la muerte, la memoria o el tiempo.
Y ahora se encuentra bien tras haber superado un cáncer que le sobrevino hace dos años.
"La enfermedad es una indignidad. Una mala educación de la naturaleza. Fue un golpe duro, pero es una experiencia que ha sido buena, me ha hecho apreciar cosas que antes no veía, y sobre todo a conocer a gente que sufría mucho", explica.
Asegura que "la enfermedad me ha roto la eternidad, porque todos nos sentimos eternos, pero haré algo con esta experiencia".
Un esquizofrénico que le dijo que el mundo estaba hecho por detrás, una mujer que, enferma de cáncer, fue demasiado tarde al hospital para curarse, y sobre todo un niño que murió de esa misma enfermedad, son algunos de los casos que le animaron a escribir para "dar voz a los que no la tienen".
Reflexión.
Amante de los libros y de la palabra, este psiquiatra, que se pasó años trabajando en un hospital de Lisboa, ha dedicado toda su vida a escribir y leer, pero asegura que sus maestros fueron seres humanos.