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El escritor debe aprender a perder el control


Este texto fue presentado en la reciente Feria Cubana del Libro. Aunque la idea llevaba tiempo dándome vuelta en la cabeza, hilé el escrito en una sola noche. Fui el primer sorprendido cuando noté en qué concluía. Abajo lo transcribo:

Imparto talleres literarios desde hace más de un lustro. La primera lección que doy es la de un esquema ilustrativo al que llamo proceso de la Luna y el Sol. El modelo no es nuevo. Antonio Skármeta, verbigracia, habla de lo mismo, pero con representaciones distintas.

La Luna es el primer y más libre paso de la creación literaria - alguien podría encontrar su equivalente en la inspiración y no estaría errado. Y el Sol es la etapa siguiente, en la cual se reescribe y pule el texto. La Luna es, entonces, lo que Skármeta llama lava hirviente, y el Sol el ejercicio que el chileno compara con modelar el magma endurecido.

 

Después de mucho insistir en este modelo, me di cuenta de que descansaba sobre un tema más esencial. El del control. Es decir, me sentí impelido a negar o, más bien, a ver desde otro ángulo lo que Vicente Huidobro aseveró tantas veces: el poeta es un pequeño dios. Y es que en vez de ser un pequeño dios, me atrevo a decir que el poeta escucha a cierto dios. En otras palabras, los creadores no deberíamos tomarnos tan en serio. A continuación, me apoyaré en ciertos ejemplos personales para sustentar lo que digo.

Control. Primer ejemplo.

Mi padre murió hace veintiún años. Antes de eso –mucho antes– engendró una hija y un hijo; siempre aseguró que procreó una pareja porque él era planificador. Lo cierto es que su hijo, yo, fui muy diferente a lo que él esperaba. Él deseaba un ingeniero agrónomo, y el vástago acabó haciendo girar su vida en torno a los libros.

 

Control. Segundo ejemplo.

Cuando yo tenía diez años, vi varias películas americanas en las que el protagonista enamoraba a las mujeres con las notas hipnotizadoras de su saxofón. Entonces quise convertirme en experto ejecutante de ese instrumento. A pesar de mi entusiasmo, mi profesor de Educación Musical acabó dándose cuenta de mi absoluta falta de talento y me envió de vuelta a las clases teóricas. Aprendí entonces que ser yo mismo no debía requerir tanto esfuerzo.

La siguiente semana, presentaré otro ejemplo sobre el control. Luego les daré la conclusión de la ponencia. Por último, presentaré ejercicios de taller que nos fuerzan a superar las tentaciones de la comodidad. Hasta luego.


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659016
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América