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El evento social


Era viernes, caía la tarde, los últimos rayos de sol escapaban por las ventanas y yo había entrado en el proceso de deshacerme de los fardos de la rutina semanal.

No me sorprendió el teléfono, generalmente a esa hora llamaba Tristán. Amigo alegre y despreocupado, bohemio sin salvación al que no le acompañaba ese nombre de raíz melancólica. Había adoptado el placer como razón de vida, ninguna otra cosa entraba en sus planes y menos, convocaba sus esfuerzos.

- ¡Cómo va la vaina compadre! Fue la frase que lanzó del otro lado de la línea.

 

- Aquí, esperando un rato para ver qué inventas.

- Tristán, siempre locuaz, ripostó de inmediato: - La vida es corta hermanito, si te duermes se nos va sin gozar nada. Mira cómo acaba de morir Don Juan Francisco De Camarón y Mariarena.

- ¿Quién te dijo eso?

 

- La noticia está en todas partes, la acabo de oír en la radio, el sepelio es el sábado en la mañana, la comunidad está conmocionada. Ese entierro va a ser muy concurrido, tremendo acontecimiento…. pienso que debemos ir.

- ¿Adónde?

- Al sepelio de Don Juan Francisco.

 

- ¡Pero si yo no lo conocía, ni tú tampoco!

- Y eso qué tiene, ¡honrar honra, compadre! Allí va a estar todo el mundo, ¡no hay que perderse eso!

- ¡Tú estás medio loco! Yo no bailo en patio ajeno.

 

- Pero si es casi una obligación patriótica, ese hombre era muy famoso, un personaje nacional, ¿cómo no vamos a ir? Este país le debe varias facturas. Mañana mismo mando a planchar la guayabera blanca.

- Bueno hermano, me cuentas cómo te va. Yo no voy en esa vuelta. Imagínate, ir a ese entierro como si fuera un evento social.

- Tú siempre de rompe grupo, claro que es un evento social, también se va para ver y que te vean. El que no está en la foto no pellizca herencia. Llámame luego y avísame temprano si sabes de algún arranque.

Aquella conversación me trajo a la mente la frase del filósofo que afirma que el hombre es el único animal guarda- muertos, por la esperanza de vencer a la muerte, de pervivir. Pero hemos ido más allá, el ritual ya convoca reuniones e intenciones que trascienden los fines de las pompas fúnebres... ¡ahí está Tristán, mandando a planchar la guayabera!

Llegó el día lunes y, antes de empezar la jornada, compré un diario matutino. Casi de inmediato se me cayó el cigarro de la boca, allí, en primera plana, había una foto del sepelio de Don Juan Francisco De Camarón y Mariarena. La escena me recordó una antigua pintura que representa el bautizo de la bandera. Y es que en La Iglesia Catedral no cabía un alma, su entorno era un abigarrado grupo de personas de lo más variopinto en postura solemne. Pero lo increíble era que en primer plano se veía la salida del ataúd por las escalinatas de la puerta principal, y lo que resaltaba entre el gentío era una figura, ¡la de Tristán!, que en primera fila y cargando el ataúd, iba con lentes oscuros y rostro desfigurado por la congoja, apartando la muchedumbre para adelantar el paso.


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486198
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América